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Los empresarios esperan que no corran, otra vez, la zanahoria

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ALEJANDRA GALLO Periodista

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La maraña que se generó en torno al (aún inexplicable) envío por parte del Gobierno del proyecto para modificar el impuesto a las Ganancias en sesiones extraordinarias parece un botón de muestra de la combustión política que podría tener el año próximo. Al menos así lo miran los principales referentes del sector privado y lo que preocupa es cómo impactará –una vez más en la Argentina– el clima político en una economía que no arrancó este año y que promete signos de mejora hacia 2017.

Ese temor, más la certeza culposa de que muchas compañías fueron tacañas con sus inversiones y la generación de empleo durante 2016, motivó a los referentes de las principales entidades privadas como el Foro de Convergencia Empresarial (FCE), la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y a empresas como la poderosa Techint, a pedir públicamente calma. El CEO de la siderúrgica, Paolo Rocca, lo dijo sin rodeos: pidió gobernabilidad.

Justo cuando las maniobras de la Casa Rosada habían logrado tener éxito para contener la conflictividad social de fin de año y dilatar un paro nacional por parte de la CGT se disparó el conflicto por Ganancias con el que la Argentina se ganó la atención internacional por la maniobra parlamentaria que logró –por primera vez en los últimos 33 años de democracia– imponer una política tributaria no generada por el Gobierno electo en las urnas y, de paso, dejar latente la posibilidad de sacar de la galera cualquier impuesto nuevo que grave a cualquier sector. Esa foto, siempre desde la visión empresaria, inmediatamente se asoció en el exterior a un Congreso que –14 años atrás– aplaudió por unanimidad el default.

Ese fue el verdadero mamarracho que espantó a los hombres de negocios quienes pretenden mejorar su imagen fronteras adentro y fortalecer el rol del sector privado. En este contexto, sin duda es una misión de sudoroso esfuerzo permanente debido, en mucho, a las culpas propias del sector.

El primer año de gestión del presidente Mauricio Macri fue aplaudido por la salida tranquila del cepo y el arreglo maratónico y exitoso con los holdouts pero quedan muchos asuntos pendientes. Por ejemplo la contención de la inflación por política económica y no por caída de actividad. En ese sentido el INDEC –otro logro de normalización cívica de este año– difundirá mañana el Índice de Precios al Consumidor de noviembre: dato clave para ir digiriendo que 2016 cerrará con precios 40% más caros y que el Gobierno proyectó en la ley de Presupuesto 2017 una inflación de sólo 17% sin haber explicado muy bien cómo lo quiere hacer. Parece otro exceso de optimismo oficialista, sobre todo porque entre los primeros anuncios del 2017 ya se computa una suba en las naftas que, seguramente, repercutirá en toda la actividad económica. Además, en sólo dos meses comienzan las negociaciones paritarias de los gremios más numerosos y nadie quiere ni siquiera sentarse a negociar una suba en torno al 18% como pretende Trabajo ni mucho menos acuerdos por productividad. Es más, los indicios que surgen de un ala de la CGT auguran la intención de convocar a un paro nacional al promediar el primer trimestre del próximo año.

En materia económica y de negocios, habiendo pasado ya un año de gestión no todo se explica por la herencia recibida. Por ejemplo, la industria está estancada desde 2012 pero hoy continúa con problemas de competitividad y hasta un 40% de capacidad ociosa. La construcción cerrará este año con una caída en su nivel de actividad cercana al 10% pero espera una suba importante para el año próximo prendiéndole una vela al efecto del blanqueo y a la normalización de la obra pública que podría generar en un puñado de meses 160.000 nuevos puestos de trabajo directos e indirectos. Al consumo, tal como viene la cosa no parece remontarlo ni la magia de Papá Noel pero si el año próximo la economía creciera entre 3 y 5 puntos, de acuerdo a la consultora W, el consumo masivo escalaría hasta un 3% aún con las nuevas subas tarifarias. El campo tendrá cosecha récord este año y se proyecta llegar a los 150 millones de toneladas de granos para 2017. En energía queda muchísimo por delante, además de las subas de tarifas pendientes y futuras se esperan medidas que prometen polémica para garantizar la inversión privada en Vaca Muerta. En la banca pública anticipan que subirán cerca del 30% los préstamos al sector privado.

En fin, quienes miran el horizonte desde el sector privado vislumbran muchas señales alentadoras para 2017 (hay que ver si esas mismas señales son luego percibidas de la misma manera por toda la sociedad) pero temen que un adelantamiento o recrudecimiento de las tensiones políticas esperables en un año electoral vuelvan a complicar la economía. Cansados de correr detrás de la rueda que no para de girar aunque nunca arrancó, nadie quiere en el mundo empresario que, otra vez, le corran la zanahoria.

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Comentarios1
Alberto Maffei
Alberto Maffei 15/12/2016 03:02:18

EXCELENTE COMENTARIO.MUY REALISTA EL ANALISIS, SIN LA FANTASIA DE LA MAYORIA DE LOS ECOMISTAS!!