Los empresarios, en el mes en que se habla de política

Con el primer cumpleaños de gestión del presidente Alberto Fernández parece haberse roto el hechizo. Y, aunque cueste creerlo, los empresarios llegan a fines de este 2020 con más ganas de hablar de política que de economía. Tuvo que aterrizar una pandemia para las cosas se pongan de este modo y ahora en el sector privado asumen que sin estabilidad política no habrá macroeconomía que resista la argentinidad.

La prueba de fuego fue el acuerdo con los bonistas, un éxito político indiscutido en plena pandemia como el haber evitado que la Argentina cayera una vez más en default, ese logro de oro no alcanzó para cambiar las expectativas, renovar el oxígeno ni evitar los temblores internos de la coalición gobernante.

Mientras que mañana el Presidente celebrará su primer año en el sillón de Rivadavia y el Grupo de los Seis se reunirá de modo virtual, como todos los jueves lo hace, según confirmó Mario Grinman, el flamante presidente de la Cámara de Comercio. "Todos los jueves nos venimos reuniendo para monitorear la situación en cada sector y también lo haremos el 10", dijo en la que sería el último "encuentro del año". Este fin de año no habrá documento del G-6. Tampoco se espera un pronunciamiento escrito por parte del Foro de Convergencia Empresarial (FCE), que coordina Miguel Blanco.

Hay una coincidencia en que no se piense en comunicados empresarios, independientemente del ámbito en el que se esté: la lista de reclamos sería demasiado extensa y, coinciden los principales referentes de ambas agrupaciones por ejemplo, que en el fondo lo que discute es un partido de fondo: es decir que para el sector privado es allí donde se generarán los nuevos puestos de trabajo que se requieren para disminuir la pobreza y salir de la crisis; en cambio desde el Gobierno hay dudas respecto del rol del sector privado (es un combo de prejuicios, sin dudas, pero también de abultados ejemplos en la historia nacional respecto del comportamiento silencioso y cómplice del sector privado en muchos procesos que destruyeron el tejido social y económico). Ahora la crisis será de tal envergadura que hay que barajar y dar de nuevo pero quienes se sientan alrededor de la mesa se desconfían.

Entre los principales empresarios hay preocupación por el avance sobre la Justicia, la marcha atrás en el recorte de gastos, los nuevos impuestos y la generación de empleo e inversión. Saben que enfrentan un desafío comunicacional enorme, tal vez tan desafiante como el que tendrá el mismísimo Gobierno.

De algún modo, esa percepción quedó reflejada en la 26 Conferencia Industrial donde a lo mejor el Presidente desperdició la oportunidad de ganarse el aplauso de la tribuna con a nuncios concretos sobre el futuro. Esa tribuna fabril fue escenario de lujo para los ex presidentes Néstor Kirchner y la hoy vicepresidenta Cristina Kirchner. Hasta las caras largas de Mauricio Macri con el aún timonel de la UIA, Miguel Acevedo, por haberse reunido con Fernández por ese entonces votado en las urnas pero aún no asumido no lograron opacar los aplausos de los industriales a algunos anuncios económicos.

Esta vez, no hubo eso. A pesar de que se reflejó el trabajo que durante todo el año se realizó con el gabinete y la mesa chica de la UIA que sigue el minuto a minuto de la crisis desde marzo. El titular de Producción, Matías Kulfas, fue a Santa Fe, y su par Claudio Meoni, se trasladó hasta Jujuy, en gestos políticos fuertes pero cuando le tocó el turno al Presidente, para la mayoría de los industriales se terminó el combustible. Una vez más faltaron detalles de la agenda que vendrá. De todos modos, Fernández dijo allí que reactivará el Consejo Económico y Social sería una bala de platino para la gestión del Presidente concretar esa convocatoria que fue promesa de campaña y que ningún otro primer mandatario logró poner en marcha.

Este sería un contexto innegable para sentar en una misma mesa a funcionarios, empresarios y sindicalistas. Sin embargo, en solo una semana la letra chica de este supuesto DNU no asoma; en cambio sí la iniciativa que suspendería las PASO 2021 generando un ahorro cercano a los 10.000 millones de pesos aunque malestar en la oposición y, tal vez, dentro de La Cámpora; también porque las necesitaría para dirimir algunas cuestiones propias.

Lo cierto es que los sectores van llegando a fin de año sin un cambio drástico de expectativas y saben que lo peor vendrá en 2021 y se verá en materia de empleo e inversiones. Los CEOs de la industria y los servicios saben que hoy se están definiendo las huidas de empresas que se conocerán entre 2021 y 2022. Ya hay un saldo de más de 40% de pobres, unos 30.000 comercios que bajaron sus persianas en todo el país y el 8% de las pymes que no reabrirán ni con la vacuna contra el coronavirus.

Entonces así como la caída sería este año más pronunciada de lo previsto; también sería más extensa de lo hoy imaginado la recuperación de esta nueva crisis que sacude al mundo pero que tiene características propias en la Argentina vinculadas mucho más con las turbulencias políticas que con los parámetros macroeconómicos.

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