Los empresarios ahora debaten sobre los tiempos y la redacción de las reformas reclamadas

El Décimo Encuentro de los Líderes, desarrollado ayer en La Rural, tuvo un elemento que lo distinguió de las ediciones anteriores. A diferencia de otras épocas, en las que ninguna proyección de mediano plazo que hiciera cualquier empresario dejaba afuera el reclamo de reformas estructurales, el foco esta vez fue distinto.

El debate no pasó por el qué, sino por el cómo. Las propuestas para cambiar el marco impositivo, fiscal y laboral ya son proyectos de ley que entraron al Congreso y lo que marcó la jornada fue el acuerdo o el desacuerdo con los temas incorporados en cada reforma, pero sobre todo con su plazo de ejecución.

Las 900 personas que participaron en el evento a lo lo largo del día (además de todos los que pudieron seguir su transmisión a través de cronista.com) se llevaron una visión de primera mano sobre qué esperan los principales referentes del mundo corporativo para el 2018. El esfuerzo editorial de El Cronista, Apertura e IT, por ofrecer una visión integral de lo que pasa en cada sector, complementada por una mirada sobre la macroeconomía y la política, son la marca de un estilo y un compromiso en el tratamiento de la información.

La posibilidad de escuchar algunas opiniones marcadas por intereses diversos, contribuyó a generar un balance mucho más enriquecedor. En lugar de los habituales reclamos, ayer se escucharon algunos contrapuntos. La ponderación final sobre los puntos de vista reflejados durante toda la jornada quedó en poder de cada asistente.

El telón de fondo fue el gradualismo. Las empresas se preguntan si los beneficios no están pautados a un plazo demasiado largo, y los costos a uno muy corto. Para muchos de los expositores, hace falta acelerar este proceso, para que algunos de los beneficios previstos compensen una apuesta un poco más fuerte de parte de los privados. Pero otros se preguntan si el Gobierno tiene margen (o en todo caso vocación) de pagar el costo político necesario por hacer de una buena vez los cambios que pueden mover la aguja de las grandes inversiones.

Los economistas perciben que el gradualismo tiene un plazo de tres o cuatro años. Es el tiempo en el que el crecimiento de la deuda puede transformarse en riesgoso. La convergencia de la inflación, el dólar y la tasa de interés tiene tiempos más cortos. Y si buen sus actuales niveles son preocupantes, nadie se baja todavía del optimismo reinante. Lo que esperan de Mauricio Macri y de su equipo es una mayor decisión política y una ejecución más profesional.

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