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Los desafíos de Brasil y un cambio de época en América latina

Imagen de ROBERTO GARCÍA MORITÁN

ROBERTO GARCÍA MORITÁN Ex Vicecanciller

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Brasil empieza un ciclo con grandes desafíos, tanto internos como externos, y la necesidad de restablecer con urgencia la credibilidad en ambos frentes. Todos objetivos complejos ante el proceso traumático que ha sufrido su democracia. La imagen de país moderno y con aspiraciones de ser de los diez más importantes del mundo, se encuentra temporalmente afectada y requerirá de un gran esfuerzo recomponer y volver a potenciar al Brasil entre el puñado de los más importantes del planeta. La crisis que enfrenta hoy es múltiple.

La destitución de Dilma Rousseff, que termina con 13 años de gobierno del PT, abre un período de complejidades para el presidente Michel Temer, cuyo mandato concluirá en el 2019, incluyendo el resultado incierto de las elecciones municipales de octubre próximo. El Partido de los Trabajadores ha anunciado "la más incasable oposición que un gobierno golpista pueda sufrir". Las expresiones utilizadas dan una idea de las dificultades políticas que enfrentara el gobierno de Temer.

En el corto plazo, el presidente Temer deberá producir resultados a contrarreloj para superar una grave crisis institucional, la corrupción y la peor recesión económica en la historia del Brasil. Las previsiones económicas son complejas. Datos recientes indican que la economía se contrajo por sexto semestre consecutivo. Las proyecciones de mercado apuntan a una contracción del 3% para el 2016. Todos los caminos señalan que se deberá restaurar los equilibrios macroeconómicos. Este panorama, puede dar lugar a problemas sociales cuya complejidad se potencia con el estado de guerra declarado por el PT.

El giro político que se confirma en Brasil acentúa el cambio de época en América latina después de las elecciones en Argentina y Paraguay. El Presidente Temer, con un enfoque más pragmático, parece dispuesto a alejarse de la visión ideológica que dominó la política exterior del Brasil en la última década. Las gestiones de Lula da Silva y de Rousseff fueron, de alguna forma, el ancla del pensamiento de izquierda regional aunque menos estridente que Venezuela o Cuba.

La reacción del eje bolivariano (Venezuela, Bolivia y Ecuador), al retirar sus embajadores de Brasilia con motivo de la destitución de Rousseff, pone de manifiesto los riegos de diferencias profundas en distintas instancias regionales. Caracas ha anunciado que "congela las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno surgido de un golpe parlamentario".

La incógnita es qué ocurrirá en el Mercosur cuya crisis se había instalado ante la negativa de Argentina, Brasil y Paraguay para que Venezuela asumiera la Presidencia Pro Tempore. La nueva situación entre Brasilia y Caracas aleja alternativas de solución diplomáticas. Sin embargo, los desafíos económicos de Argentina y Brasil podrían ser circunstancias para impulsar una agenda renovada. Quizás ambos encuentren con creatividad la oportunidad de apoyarse mutuamente en un Mercosur aperturista para superar los problemas coyunturales que enfrentan.

En lo que hace a las relaciones bilaterales argentino brasileñas, el alcance y naturaleza del vínculo continuará siendo de privilegio. Ambos se reconocen como aliados principales. La sintonía de la política exterior entre Buenos Aires y Brasilia lo pone de manifiesto y ambas Cancillería enfocan lineamientos similares dirigidos a una apertura al mundo.