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Los bancos en la economía que viene

Barclays

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La eliminación del cepo y el desmantelamiento de los controles cambiarios no han repercutido negativamente en la confianza del publico en los bancos. Los depósitos privados en pesos continúan estables, aumentan los depósitos en dólares y las tasas pasivas de interés están en el orden del 26% anual (niveles previos a la devaluación). Por el lado del crédito, la suba de las tasas de interés para estabilizar el nuevo equilibrio entre dólar y tasas repercute negativamente en el volumen de préstamos al sector privado, que ha dejado de crecer.

Pero más allá de este arranque del año en lo financiero, hay que pensar un nuevo panorama y distintas tendencias en el entorno competitivo de los bancos. El cambio en las reglas de juego es importante. Queda atrás un modelo de industria financiera con cepo (dinero barato y estable) y muchas regulaciones distorsivas (tasa, plazo, cartera, posición en dólares). Lo que viene a mediano plazo muy probablemente amplíe las posibilidades en nuevos segmentos de negocios, bajo un modelo con menos inflación, tasas reales positivas y mayor flexibilidad regulatoria.

Para el Banco Central, será fundamental mantener un sano equilibrio entre los cambios y oportunidades que puedan aparecer en el futuro y las políticas correctas de la etapa anterior: el énfasis en el crédito productivo a Pymes (quizás calibrando mejor la línea de inversión productiva) y la inclusión financiera. En los dos aspectos, las primeras señales son favorables.

Aún suponiendo un escenario de relativo éxito en la estabilización macroeconómica encarada recientemente, los bancos tendrán alrededor de seis meses con mas desafíos y amenazas que oportunidades. Luego, podría pensarse en un mejor escenario al combinar menos inflación (algo que falta) y menos regulación (algo que ya comenzó).

Desde la planificación financiera, los bancos tienen que incorporar la ‘gimnasia’ de manejarse con la mayor movilidad de capitales, mas volatilidad del tipo de cambio, y regreso del arbitraje entre $ y u$s. Desde lo comercial, la ‘crema’ rentable del negocio (préstamos personales y tarjetas de crédito) tendrá menos impulso. Resulta difícil este año esperar una recuperación del salario real (con devaluación y aumento de tarifas). Adicionalmente en 2016 la dinámica del nivel de actividad y empleo será negativa.

Los primeros sectores que aparecen como beneficiarios de la nueva macro, como la agroindustria, la construcción, grandes obras públicas y los servicios públicos no serán traccionadores del crédito a corto plazo El primero porque cuando le mejora la rentabilidad tiende a autofinanciarse y los demás porque requieren mas al mercado de capitales que a los bancos. Las que sí seguirán necesitando mas que nunca apoyo crediticio accesible son las Pymes (especialmente no transables), la industria con mayores niveles de protección y las economías regionales muy golpeadas.

Una luz amarilla permanente también en estos primeros meses está puesta en el timing con que se maneje el dilema entre bajar las tasas de interés (para no ahogar el nivel de actividad), y la necesidad de mantener una política monetaria contractiva (que crea menos materia prima al caer el ritmo de aumento de la base monetaria) y requiere a los bancos para el roll over de 140.000 millones de pesos de pesos en Lebac (solo en febrero).

Si se afianza un sendero decreciente en la inflación ya que se empieza a controlar la dominancia fiscal y se abre el financiamiento externo, debería encontrarse el camino para aumentar la profundidad financiera por la vía sana (desdolarización del ahorro de residentes, ingreso de capitales genuinos y no con emisión). Los planes de negocios deberían incorporar la intermediación financiera en instrumentos a mediano y largo plazo.

También con las nuevas medidas se pretende darle mayor protagonismo a la inversión y a las exportaciones. Estas serán oportunidades no inmediatas, pero deberían revitalizarse la banca para proyectos de inversión y el comercio exterior.

De manera positiva, el impulso a una unidad indexada como reserva de valor le posibilitará a los bancos pensar el negocio a mayor plazo y más diversificado, tanto en sus pasivos como activos. El resurgimiento de las líneas hipotecarias sería el primer ejemplo en este sentido (aunque demorarán bastante más si se indexan por inflación en lugar de variación salarial).

Finalmente, siempre que se plantean correcciones para tener una macroeconomía más sustentable (como hasta el momento) aparece la condición necesaria para salir del raquitismo actual del sistema financiero (menos del 15% del PBI). El resto depende de las oportunidades (instrumentos y servicios) que manejen los bancos con el público y un ambiente regulatorio que preserve la estabilidad financiera.

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