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MARTES 23/04/2019

Los "accionistas" del Estado deben empezar a comportarse como dueños

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Si hay un concepto difícil de asumir en la Argentina es que el Estado no es un ente abstracto al que se le puede exigir todo más allá de si tiene o no recursos. El Estado le pertenece a los ciudadanos, tanto a la hora de recibir beneficios como de pagarlos. El problema surge cuando toman decisiones con impacto real en el gasto público pero no lo transparentan. Se genera un beneficio para un sector de la sociedad, pero a la vez se achica el patrimonio de los verdaderos "accionistas" del Estado, los contribuyentes. Es que cuando el déficit fiscal solo crece, no hay otra respuesta que emitir deuda o aumentar ingresos.

Ayer se anunciaron dos decisiones que en realidad responden a medidas de gobiernos anteriores. La suba de la tarifa del transporte público, así como de los servicios de luz y gas, es el resultado de un beneficio que se dio en 2006 (en el caso de los colectivos), con un costo que para 2015 superaba 10 veces el original. El subsidio a las tarifas terminó siendo financiado con emisión de pesos que el BCRA le giraba al Tesoro. Los "accionistas" del Estado no sentían este esfuerzo a través de un impuesto directo, sino de la inflación. Ahora ese gasto se pagará con tarifa al prestador del servicio. No habrá triangulación.

También se reglamentó la ampliación del gravamen sobre la renta financiera. Se trata de un mal impuesto, que castiga el ahorro en un país que no lo tiene, y que fue livianamente tolerado tanto por el Gobierno como por la oposición como un mal necesario para bajar el déficit.

Si los ciudadanos toleran las subas del gasto, tendrán que aceptar también las subas de impuestos. De lo contrario deberían votar al que prometa ahorro fiscal. De lo contrario, solo alimentarán la rebelión de los que quieren deshacerse del Estado.

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