Llega el oxígeno externo para una economía que necesita recuperarse

La Argentina tuvo que esperar hasta una fecha patria para recibir buenas noticias del exterior, tras dos meses de tormenta cambiaria y financiera que sacudieron la estructura del gabinete ministerial y provocaron el recambio del presidente del Banco Central.

En el Día de la Bandera y tal como se esperaba, el directorio del Fondo Monetario Internacional le dio el visto bueno al préstamo por u$s 50.000 millones y puso a disposición inmediata los primeros u$s 15.000 millones para cubrir necesidades de financiamiento y reforzar las defensas ante un mercado que, como señaló el organismo, sufre desde abril la confluencia de la caída de ingresos de los agroexportadores, derivada de la sequía que afectó al campo; el incremento de los precios internacionales de la energía y una apreciación internacional del dólar, acompañada por el alza de las tasas de interés estadounidenses.

Si bien previsible, el anuncio surgido en Washington recorrió rápidamente los 328 kilómetros que separan a la capital estadounidense de Nueva York y, contra versiones previas encontradas, terminó de convencer al comité del MSCI de elevar al país a la categoría de mercado emergente, lo que le garantiza la llegada automática de fondos que disponen su inversión en línea con la calificación otorgada por el índice.

La combinación de hechos no es casual y supone una vuelta de página en la relación financiera de la Argentina con el mundo que el tiempo dirá si fue la adecuada. Tanto la ruptura con el FMI como la baja a mercado de frontera definida por el MSCI, se dieron en tiempos de administración kirchnerista. Hoy, con la carga de un fuerte déficit fiscal, una moneda debilitada, una inflación que golpea y la necesidad de recomponer variables económicas sin afectar la delicada situación social, se abre una puerta a la llegada de capitales que pueden inyectar oxígeno a una economía que necesita recuperarse.

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