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Lilita, la corrupción y la moral

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DANIEL MUCHNIK Periodista

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Me propongo elogiar a Lilita Carrió, aunque le cuestiono estar un poco en ‘pose’ o buscando ser la ‘estrella’ en el gran show de las decadencias políticas y económicas del país. Es su principal defecto, que no se le pasará porque ya es mujer adulta y sabe lo que hace. El hecho es que su oficio de ‘fiscal de la República’ es indispensable en el Parlamento y en la calle, en medio de las turbulencias actuales. Ahora, no mañana.

La exalto porque soportó todas las embestidas, hizo frente a todos los detractores y supo mostrar al país todos sus defectos y los rostros y apellidos de los que violaban los códigos de moral pública y privada. Desprendida o ‘echada’ del tronco del radicalismo, supo fundar una alternativa nueva. Fue ella la primera en denunciar a Lázaro Báez y su conexión con el matrimonio Kichner en el 2004, al poco tiempo que Néstor, el ‘flaco’,como lo llamó repetidamente Juan Pablo Feinmann, recibiera el poder, y comenzara a multiplicarlo con avidez. Junto con un patrimonio absurdamente creciente.

A lo largo del mandato de ‘El’ y ‘Ella’, Lilita quedó sola, enfrentada con muchos. Persona de difícil convivencia con dirigentes valiosos/valiosas, castigada por esa terrible acusación de ‘loca insoportable’. Un ministro-vocero del kirchnerismo, Aníbal Fernández, con esa ironía sangrienta que lo caracterizaba la acusó de "tener los patitos volados".

Lilita soportó todo y lo pagó con depresiones que la alejaron de Buenos Aires. Para después correr el telón y mostrar a Fernández como uno de los responsables del narcotráfico en la provincia de Buenos Aires y acusar a otros, vinculados a Fernández, de comprar más de no una sino centenares de farmacias en ese territorio con propósitos aviesos. Además,a través de la complicidad de ciertos ignotos laboratorios abusar del delivery, entregar droga a domicilio. Falta demostrar todo ante la Justicia.

En México sicarios de los carteles ya la hubieran matado. En Buenos Aires, donde están sobresaliendo también los sicarios nacionales y extranjeros no se han animado a tocarla.
Cuando llegó el momento acompañó a Mauricio Macri, como lo hizo el mismo radicalismo para darle un punto final a la líder del populismo criollo, dueña caprichosa y señora de micrófonos, hoteles y estancias.

Para lucirse, o mostrar que no está sola en su empeño por perseguir a la corrupción está acompañada por un grupo de investigadores. No los muestra, pero debe hacerlos trabajar sin descanso. Porque en cada entrevista televisiva saca fantasmas de terror de la galera y los nombra y los señala con perseverancia.

Sin duda que por la participación de Lilita, por los libros de investigación periodística de gran tiraje, por todo el esfuerzo de Jorge Lanata, Daniel Santoro, Hugo Alconada Mon, Luis Majul y muchos más sumado a las reiteradas notas en los medios vilipendiados y por el coraje de otros tantos colegas, directores y redactores que denunciaron las falencias del Kirchnerismo, junto con el gran respaldo del radicalismo, se logró el cambio de la máxima conducción política. De lo contrario al PRO solito no hubiera podido alcanzar la otra punta de la Plaza de Mayo. No recuerdo que todo ésto se haya reconocido como se merece.

¿Pero es sólo la corrupción el cáncer de la república como insiste Lilita? No, no lo es. En una reciente aparición aseguró Lilita que la crisis profunda del país es la falta de moral.Dura definición. Y cierta. Que se emparenta rápidamente con aquel libro del fallecido filósofo y jurista argentino Carlos Nino titulado ‘Un país fuera de la Ley’. Sigue siéndolo. ¿Lo seguirá siendo? ¿Esas enfermedades tienen rápida cura? Nadie lo puede asegurar.

La corrupción está presente en todas partes en el mundo. Es patrimonio del hombre desde sus primeros pasos. En mayor o en menor grado ningún país escapa. Sobresale en naciones desencajadas por guerras internas, por peleas tribales, por cambios de fondo en la forma de vivir, por desintegración de verdaderos imperios que estuvieron vigentes hasta la segunda mitad del siglo XX, por la enorme desigualdad social existente.

Pero la corrupción comienza a ser escasa con países donde sería un escándalo señalarla, donde la respuesta pública sería muy dura. Se salvan los países nórdicos (no todos), Australia, Canadá, Nueva Zelanda y otros poquísimos. En Singapur tampoco es visible la corrupción porque el régimen de la isla castiga la falta con la muerte. Japón cumple preceptos morales y religiosos para mantener alejada esas tentaciones. Es recordado el caso del Gerente General del aeropuerto de Osaka que hace 20 años, aproximadamente, se suicidó porque un avión con centenares de pasajeros se estrelló por fallas de la infraestructura de tierra, bajo su responsabilidad.

En realidad, junto con todas esas necesidades espirituales, para construir un futuro vivible se hacen necesarias muchas cuestiones elementales, en el plano político y en el económico. En éstos momentos el Gobierno, que promete el cambio frente al ahogo económico actual en el segundo semestre, está siendo acosado desde muchos costados. No todas las huelgas que se preparan tienen razones válidas. No todos los sindicalistas actúan para cuidar a sus gremios.

El peronismo histórico ha mostrado prudencia y aceptó pactos de convivencia, pero el bolsón residual del kirchnerismo sigue haciendo maldades, alianzas con la
inteligencia militar, cubriéndose con el manto blanco del Papado.

No habrá una Argentina en proceso de cambio si no se toma conciencia que la energía no hay que depositarla en las intrigas y maldades sino en generar condiciones para el desarrollo nacional. De lo contrario seguiremos en lo mismo.

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