Lejos de la "revolución", en mayo solo se piensa cómo resistir la crisis

La industria y el comercio dan sus primeros pasos aún en cuarentena por el coronavirus y se define si la Argentina le suma el default a la recesión y el impacto de la parálisis por la pandemia

A lo largo de los últimos 15 años, mayo ha demostrado ser uno de los mejores meses, sino el mejor, en materia estadística para la economía argentina. Basta con revisar los números del Indec para comprobar que en el quinto mes del año es cuando, probablemente, más se observe el efecto derrame que la actividad agropecuaria tiene sobre una economía primarizada, que encuentra en las exportaciones del sector el combustible necesario para poner en marcha su maquinaria.

Con la liquidación de divisas no solo aumenta la recaudación fiscal, sino que también crece el consumo y con ello, a su vez, se incrementa la producción industrial. Tres años atrás, esa imagen era palpable en la Argentina. El Estimador Mensual de la Actividad Económica, como revelaría dos meses después, alcanzaba su punto máximo con un pico en lo producido por el campo y señales de recuperación en la actividad fabril, la construcción y el consumo mayorista y minorista. Eran tiempos en los que Cambiemos se encaminaba a una victoria en las urnas que suponía la consolidación de la gestión de Mauricio Macri y, con ello, la posibilidad de avanzar con una recuperación de la economía que se esfumó tan rápido como pasó el proceso electoral legislativo de aquel 2017.

Mayo suele ser el mejor mes en materia estadística para la economía argentina, pero este año suma a la profunda herida de la recesión, la infección del coronavirus y el peligro del default 

Desde entonces, se aceleró un deterioro que hundió al país en una profunda recesión -multiplicada hoy por la cuarentena que sobrevino con el coronavirus-, el endeudamiento creció hasta dejarlo al borde de un peligroso default cuya suerte se resolverá en los próximos días y se apeló a la emisión como fuente de financiamiento del gasto.

En ese escenario, mayo no asoma hoy para los argentinos como un mes de “revolución económica sino apenas como el de la resistencia para sobrevivir a la crisis.  Con la relajación del confinamiento en el interior del país, decidida apenas el viernes pasado, algunas ramas de la industria recién comenzarán a ponerse en marcha lentamente esta semana. Lo mismo sucederá con el comercio, que ya carga sobre su espalda casi una década de estancamiento y recuerda con razón, que antes de la cuarentena no había afluencia masiva a los locales y apenas alcanzaban los ingresos para cubrir salarios, pagar alquileres, impuestos y cumplir con los proveedores. Hoy todo eso está en duda. La única certeza es que muchos comercios que bajaron la cortina y muchas empresas que cerraron sus puertas el 20 de marzo no tendrán espalda para mantenerlas abiertas a fin de año sin las reformas necesarias para sostener al sector privado.

Antes de la cuarentena no había afluencia masiva a los locales y apenas alcanzaban los ingresos para cubrir salarios, pagar alquileres, impuestos y cumplir con los proveedores

La puesta en marcha, con los protocolos sanitarios y el control necesario, es una actitud saludable desde lo económico y lo psicológico para la población. Preservar la salud es primordial y para ello también se requiere proteger la fuente de ingreso que asegure la alimentación y el acceso a una buena atención sanitaria, más allá de la emergencia y el coronavirus.

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