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Lecciones para construir el futuro

El 24 de marzo que acaba de pasar, en el que conmemoramos los 40 años del más dramático Golpe de Estado que sufrió nuestro país, fue una fecha que nos ha servido para reflexionar y homenajear a las víctimas del terrorismo de estado.
La última dictadura cívico militar instauró una serie de gobiernos que violaron todos los derechos y garantías, en un plan sistemático llevado a cabo por las Fuerzas Armadas con complicidades civiles que buscó el aniquilamiento de toda oposición, disenso, de todo pensamiento crítico, materializado en detenciones ilegales, torturas, asesinatos, robos de bebés nacidos en cautiverio y la desaparición de personas por cuyo paradero se sigue reclamando.
Debemos recordarlo como la afrenta más grave hacia el estado de derecho y la juridicidad. Un Golpe de Estado que se torna más cruento, más doloroso, porque desestabilizó el sentido común, ya que justamente quien está destinado a cuidarnos, a custodiarnos, a proteger nuestros derechos, se convirtió en delincuente que torturó y asesinó con el agravante de haberlo hecho en forma clandestina, callando y ocultando.
Este 24 de marzo tuvo, a su vez, un hecho destacado para nuestro país, que día tras día tiene el objetivo de reinsertarse en el mundo, y fue el de contar con la presencia del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que se comprometió con el Presidente Mauricio Macri, con las organizaciones de derechos humanos, y con todos los argentinos, a desclasificar documentos militares y de inteligencia de lo sucedido en aquellos negros años.
Es importante destacar el nivel de autocrítica que mostró el primer mandatario norteamericano y el sentido homenaje realizado en el Parque de la Memoria, un hecho muy significativo para todos los argentinos.
Mediante la desclasificación, podremos encontrar los nombres y apellidos de cómplices y perpetradores. Y esto le servirá a la sociedad argentina, para poder avanzar con el claro objetivo de Memoria, Verdad y Justicia, para sanar las heridas del pasado y construir un futuro mejor.
Aprender las lecciones de la historia exige mucho más que un acto de recordación. Es recordar a las víctimas y repudiar y castigar a los victimarios. Es reconocer la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y de muchos otros organismos de derechos humanos; reclama comprometerse cotidianamente con el fortalecimiento del sistema democrático, con el apego a la ley y al libre debate de ideas.
Tener un compromiso ético con la memoria implica defender esos principios, educar a las nuevas generaciones en su observancia, trabajar en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna donde Nunca Más se violen los derechos humanos, ni exista el terrorismo, la violencia institucional, el totalitarismo, y donde no haya lugar para la impunidad.
Debemos pensar a los derechos humanos y a la democracia como mecanismos de resolución de conflictos y de acceso a la Justicia, como herramientas de defensa de los más débiles, pilares y ejes de una política integral de cambio cultural.
A 40 años del Golpe de 1976, se nos impone superar las diferencias y trabajar todos juntos en la construcción de una sociedad pacifica, apegada a la ley. La democracia es una tarea siempre inconclusa y por eso mismo debe ser defendida constantemente.
La democracia es sobretodo Vida, Libertad y Justicia, y son estos los valores por los cuales debemos bregar permanentemente. Esta es la lección suprema.