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Las tasas de interés y sus múltiples frentes

Las tasas de interés referenciales de la política monetaria, abordan varios aspectos, los que se cruzan entre sí.

Para empezar, aquellas, pronunciadas, hoy son parte principal de la tríada macroeconómica básica, que completan la laxitud fiscal -en su formato agregado- y la onda de reapreciación cambiaria real en curso.


Además, las altas tasas traducen el ejercicio -bajo la lógica de un naciente régimen de metas de inflación, RMI-del instrumento principal (la tasa de corto) del Banco Central -BCRA- para domesticar la inflación efectiva, atendiendo a sus efectos diferidos, y asumiendo su molesto influjo en la actividad.


A la vez, operando una dominancia fiscal (írrita a un RMI) de primera vuelta -el Fisco, chupando masivos recursos monetarios del BCRA-, las elevadas tasas reflejan el esfuerzo de la autoridad monetaria para, vía una segunda vuelta, absorber recursos monetarios, en aras de limitar el considerado resorte inflacionario potencial clave: la emisión girada al Fisco.


Las tasas también constituyen un gran influyente en la dinámica del frente externo. Según las reglas del RMI, aplica, digamos, el criterio de Taylor-Fisher -CTF-: la tasa de interés referencial, en su nivel, debe cubrir la inflación esperada, más la tasa de interés real estimada pertinente. Siendo aquel nivel superior al de la relación de paridad de tasas -UIP-, que hace a la indiferencia de los agentes respecto de activos en distinta moneda, son preferidos -dado cierto contexto- los activos en pesos, deviniendo así el trance de reapreciación que recorta la ganancia de paridad cambiaria real inicial.


¿Cómo puede seguir la partida?. En los próximos meses, se estima un declive del ritmo de inflación que se iría afirmando. El relato diría que, por fin, y conocidos sus efectos diferidos, la política monetaria logra concretar su disciplinamiento. En los hechos, esto calza mágicamente (sic), con el encalmamiento de la fase de duros shocks de oferta ligados a los fuertes ajustes de precios cruciales de la economía y de la correlativa movida de los salarios. Sin duda, a través de las idas y vueltas, de tales ajustes, el que más parecería desinflarse en su alcance real, es el del tipo de cambio.


Jugando sin sorpresas aquel declive, el BCRA puede abordar el cumplimiento de su promesa de ir bajando con más decisión las tasas, ablandando la expresión de CTF. No obstante, según lo visto, seguiría expuesto a los reclamos monetarios del Fisco -que hacen a la potencialidad inflacionaria-, lo que exige un nivel de tasa acorde. ¿Cómo amalgaman estos aspectos?.


Acá es donde tallaría la perspectiva -favorecida por la confianza preliminar despertada por el gobierno- del reaflujo, en diversos modos, de capitales del exterior al país (incluyendo al propio blanqueo). Una parte de ese reaflujo, ayudaría a encarar el severo déficit fiscal en pesos -contracara de la citada laxitud global-; y si se la vuelca directamente al mercado de cambios, distendería al BCRA, facilitando la amalgama antes aludida. Sí, arrimando más presiones hacia la reapreciación.


En todo esto, ¿cómo jugaría el nexo CTF y UIP?. Porque el primero mostraría un relajo; la tasa bajaría. En rigor, véase que la UIP suma expectativas devaluatorias y alguna compensación por mayor riesgo. La apuesta sería la alteración de estos elementos. Por ejemplo, una nueva visión sobre el cambio de equilibrio, ciñendo entonces las expectativas devaluatorias. Así, CTF y UIP compaginarían, en un marco de arribo de capitales y de déficit de cuenta corriente, proyectando el multiplicador de actividad tan ansiado. Con el riesgo, sí, en el límite, de castrar el repunte de paridad real, desde ya sobrio, plasmado al inicio del proceso.


Quedan preguntas flotando. ¿Hay un convincente dominio macroeconómico, aparte de la buena imagen inicial, para hacer firme y sostenido aquel arribo?. Además, ¿cómo se evalúa la posibilidad de una recidiva en un esquema afincado en el apalancamiento en fondos del exterior, asociado a un hipodólar?