Las subas de precios y el impuesto a la riqueza pueden revertir la paz cambiaria

La estrategia que aplicó el Gobierno para acortar la brecha entre el dólar oficial y las cotizaciones financieras resultó efectiva. No es gratuita, porque para controlar el contado con liquidación tanto el BCRA como la ANSeS están cediendo bonos que tienen un precio bajo y un rendimiento alto, con lo cual el día que el Tesoro tenga que cancelar esa deuda afrontará pagos más altos que si esos títulos hubiesen sido retenidos por el Estado. De todos modos, los costos hoy son relativos: para el Gobierno eludir una devaluación es un objetivo de máxima prioridad. Eso significa que, en su visión, todos los sacrificios que tenga que hacer para no chocar con esa pared estarán justificados.

Ahora, a la pax cambiaria le sigue faltando algo: dólares frescos. Los exportadores hasta el momento no pudieron aportar divisas con más fluidez. Es lógico: el fantasma de un salto en el tipo de cambio no se fue. Así que aquellos que no necesitan apurar sus operaciones, siguen funcionando al ritmo "normal". La aceleración que preveía el Ejecutivo cuando decidió conceder una baja transitoria en las retenciones de la soja y los cereales, en los hechos no se dio con la intensidad esperada. El resto de las empresas que venden al exterior dependen mucho de la demanda externa, y en muchos casos de insumos importados que necesitan para producir, como le pasa a las automotrices.

En un momento se especuló con un aporte del FMI. Pero Martín Guzmán lo descartó: no pedirán fondos adicionales (eso es lo que declararon hasta el momento). Además, el acuerdo todavía tiene que ser completado. La misión que estuvo en Buenos Aires habló de "buenos avances", pero dejó en claro que hay que calibrar todo de nuevo (verbo al que es adepto el titular de Economía). Además, lo más probable es que el directorio del organismo espere a que asuma Joe Biden antes de avalar cualquier entendimiento con la Argentina. El voto lo tendrá que dar Janet Yellen, la ex titular de la Fed que está camino a ser la primera mujer en ocupar la Secretaría del Tesoro estadounidense.

En resumen: con manos amigas operando en el mercado, la estrategia para enfriar al dólar funcionó en términos nominales pero no enderezó del todo las expectativas. El 3,8% de inflación de octubre revela que los agentes económicos están deslizando sus precios al alza. Y como si fuera poco, el avance del impuesto a la riqueza revivió la demanda del liqui (como se mencionó en esta columna, muchos potenciales aportantes están dispuestos a poner sus bienes lo más lejos posible de los ojos de la AFIP).

El problema para el Gobierno es que inflación y dólar son variables que se realimentan. Si noviembre cierra arriba de 4%, como proyectan ya varios economistas, entonces puede haber una segunda ola de demanda de blue y MEP. Las empresas están posicionándose para el caso que se dé esa coyuntura. Economía aún no se respondió si es necesario cambiar de cartas.

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