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MARTES 19/03/2019

Las razones de la Argentina decadente

MANUEL ADORNI

Analista y consultor económico

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Las razones de la Argentina decadente

Las sociedades necesitan de algunas cuestiones elementales para lograr desarrollarse dignamente: cultura del trabajo, un Estado que acompañe asegurando igualdad ante la ley, libertad para comerciar y bajos impuestos que no castiguen ni la producción, ni el empleo ni el éxito económico que dentro de la ley se haya obtenido. Quienes han seguido estas cuestiones al detalle y con precisión, han logrado desarrollarse en un marco de riqueza y prosperidad. Quienes no lo han hecho, han transitado un camino desolador hacia la pobreza y el subdesarrollo crónico.

Tal es el caso de Argentina, donde allá por 1895 ostentábamos posicionarnos en el primer lugar del mundo en términos de PBI per cápita. Haciendo un paralelismo y llevando aquél éxito al presente, significaría estar generando en la actualidad unos u$s 100.000 por habitante por año, lo que en términos prácticos equivaldría a que seamos seis veces más ricos de lo que somos, o visto desde un ángulo más desgarrador, equivaldría a no ser lo que verdaderamente somos: una sociedad completamente empobrecida. En algo más de un siglo hemos transitado un camino que se inició como potencia económica y terminó siendo simplemente un país entre tantos, allá por debajo del puesto sesenta del mundo junto a todos los que no han hecho las cosas como debían haberlas hecho.

Las razones de la decadencia argentina del último siglo tiene varias aristas, entre las que se destacan los sindicatos, determinados empresarios prebendarios y una corporación política al servicio de sus propios intereses. Todo esto se puede englobar en dentro de un solo concepto: el populismo. Ese cáncer que hemos padecido a través de las décadas y que nos ha ido deteriorando más y más con el transcurso del tiempo.

El sindicalismo: robándole compulsivamente buena parte del salario del trabajador. Convenciendo a sus súbditos de la maravilla de la representación sindical, logrando sueldos miserables gracias a las presiones sobre los inversores y empleadores que prefieren cualquier destino antes que contratar trabajadores argentinos, y dejando tendales de pymes a merced de que puedan evadir algún impuesto para soportar las cargas laborales impagables.

Los empresarios: sus grandes ideas se han limitado a pedir a los diferentes gobiernos eternas devaluaciones empobrecedoras, el cierre de las importaciones fomentando proteccionismo extremo, generando precios elevados y productos de mala calidad para todos, siempre reclamando subsidios donde permita la ocasión.

La corporación política: fueron la verdadera razón de nuestro presente. Sin ellos, ni el sindicalismo ni el empresariado hubiesen podido ser los verdugos de la riqueza ni los artífices de la decadencia. Promotores del populismo sin piedad, de la incultura, de la pobreza y la escasez de futuro.

Por desgracia nuestro presente es lo que supimos construir, y pretender que simplemente la historia a partir de aquí sea distinta es solo un acto de fe suicida. Que la historia a partir de aquí sea diferente dependerá únicamente de nosotros mismos.

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