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Las muertes irracionales no cesan y el mundo coquetea sin culpa con la autodestrucción

Es difícil de entender que, a esta altura de la civilización, el mundo siga coqueteando con la autodestrucción. Las sociedades reaccionan y condenan la violencia cuando es provocada por la irracionalidad de personas que creen que matar puede ser una forma válida de promover una idea política o una creencia religiosa. Pero cuando ese pensamiento emana desde los que ejercen el poder, la respuesta no siempre es tan lineal.

El régimen de Corea del Norte, por caso, advirtió que puede realizar un "ataque preventivo superpoderoso" contra Estados Unidos que podría reducir a "cenizas" buena parte de su territorio. En Venezuela, Nicolás Maduro cree que puede llevarse por delante manifestaciones populares a fuerza de balas y muerte, como si la fuerza fuese tan legítima como el diálogo. Y no se trata de hechos aislados: cada día, cada semana, aparecen víctimas fatales en nombre de cualquier tipo de causa, que nunca son legítimas cuando sus principios están escritos con sangre.

Francia quedó ayer en estado de shock cuando un atacante desató una balacera en pleno centro de Paris, después de haber matado a un policía. A tres días de las elecciones, el Estado Islámico se adjudicó el incidente.

Es poco probable que un acto así modifique el sentir de los franceses que concurrirán a las urnas. La política es el arte de persuadir, y el miedo que genera la violencia representa a la antipolítica.

Ni Kim Jong-un, ni Donald Trump serán respetados como líderes mundiales si dan rienda suelta a los juegos de guerra, como si amenazar con la extinción de una parte del planeta no tuviera consecuencias para el resto de la humanidad.

Será imposible pensar en ciudadanos que acepten convivir con las reglas de la democracia si países con gobiernos representativos se comportan igual que aquellos que no tienen pudor en ejercer el totalitarismo.

En la Argentina hubo poca preocupación visible por estos hechos. El presidente Mauricio Macri se refirió a los incidentes en Venezuela en su cuenta de twitter. La oposición hizo naufragar una sesión legislativa impulsada por el oficialismo que pretendía pronunciarse sobre la represión policial de Maduro. Nada sucedió.

El mundo sigue andando y lo único que no deja de crecer es la cantidad de víctimas fatales que provoca la violencia política.