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Las grietas de la comunicación oficial

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DANIEL MUCHNIK Periodista

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Por supuesto que dio pie para que la oposición (camporistas, dirigentes dialoguistas del peronismo y la izquierda dura) se opusiera tenazmente a los aumentos de tarifas, tal como fueron planteadas.

Después de aquello, sectores del oficialismo vieron una mano negra y una acción negativa de la Iglesia o del Papa en el Informe de Pobreza del Observatorio de la Deuda Social Argentina. Y esta semana otra información divulgada sobre la presencia del Presidente en una sociedad en un ‘paraíso fiscal’ amenazó afectar la imagen del gobierno. Se dio una respuesta como se pudo, como la circunstancia obligaba.

Todo lo negativo no son tramos de una ola de desprestigio contra el Presidente. No se puede sospechar de necia maniobra del Observatorio de la Deuda Social, dirigido en la Universidad Católica por el experto Agustín Salvia como lo hicieron algunos. En los últimos años ha venido clarificando con sus informes, a través de un trabajo arduo de investigación todas las formas de la tragedia social Argentina. Lo hizo con coraje y dignidad.

El Observatorio siempre dio cifras que los Kirchneristas y luego los Cristinistas vapulearon y calificaron de falsas. O como resultado de un ‘trabajo sucio y mentiroso’, lenguaje utilizado por periodistas asumidos como militantes. Mostró las insuficiencias en materia sanitaria y alimenticia recorriendo las zonas suburbanas de niños y adultos. Más, fue el único faro informativo creíble en todos estos años, el único aval para poder hablar de pobreza y de carencias ilimitadas. Haber dicho que la pobreza ha crecido en el 2016 no es una exageración y hay que entenderlo como derivación de un proceso que se arrastra desde hace años y que no puede frenarse de golpe, ni se logrará en el corto plazo.

En la Conferencia de Prensa Salvia fue muy expresivo en el uso de la síntesis : "Esta pobreza argentina no se soluciona con planes sociales ni con ayudas de otra naturaleza". Sólo logrará revertirse con empleo, con trabajo, con crecimiento económico. El resto es de segundo o tercer rango en importancia. A tal punto que los gobiernos anteriores fracasaron en la lucha contra ese mal que es devorador. Lo único cierto es que en las familias con chicos la pobreza trepa al 43,8%, superando a la pobreza promedio en el país que es de casi el 33%. Es decir uno de cada tres argentinos vive en la más dura carencia. Inaudito.

Si es el empleo el único proceso redentor la pobreza 2016 puede entenderse a través de un informe de la Unión Industrial. La crisis fabril equivale a la que se dio en 1998 y 2001. La actividad ya lleva más de cuatro años de contracción más seria en unos sectores que en otros.
El problema de la administración Macri es su dificultad para difundir o comunicar eso que resulta imprescindible.

La necesaria devaluación, la adecuación de la tarifas a la realidad. Está faltando ese don por parte de los ministros. En cualquier país del mundo lanzar sin más trámite incrementos de servicios de 300 o del 500% llevaría a una crisis muy seria, vociferante y callejera. Está ausente en ciertos funcionarios una indispensable sensibilidad, un discurso convincente, una promesa de cambio significativa, una explicación didáctica de por qué se concretan esos cambios.

Algunos representantes del Gobierno han lanzado los incrementos como si se tratara de algo crucial, donde había que proceder con frialdad. Planteado en esos términos resonó en muchos oídos como un acto cruel.

Sorprende que en el reverso de estos sucesos se mantenga la simpatía por el nuevo gobierno, según los sondeos de opinión. Los especialistas consideran que el dilema no es la mala comunicación sino la falta de una estrategia global por parte del gobierno.

También se presencia un tironeo dentro de las filas oficiales. Hay quienes consideran que habría que haber anunciado los incrementos en enero. Otros creen que está bien el momento (estos días) para hacerlo. En cualquiera de los dos escenarios las actitudes y las formas de trasmitirlo importaban e importan. Hay que optar entre trasmitirlo de manera salvaje y desbordada o comprensible del dolor de las consecuencias.

En el 2016 seguirán, irremediablemente, tiempos difíciles.

La realidad internacional es precaria. Los precios de las commodities en las que se asentaba la Argentina están en decadencia, producto de la crisis mundial que no levanta cabeza y de China con sus propias dificultades. La recesión en Brasil, nuestro principal referente y cliente no se dominará en plazos cortos y su tiempo político está recortado e impreciso. Los empresarios no han respondido con entusiasmo (que se esperaba) al cambio de autoridades, muchos de ellos creen que la inflación puede dominarse como si se tratara de un juego de damas. No cuestionan a la Casa Rosada pero están sumidos en tratar de manejar correctamente cada uno el timón de su propio barco. En todo eso que se nos viene encima la mejor manera es evitar con buenas comunicaciones los resquemores de los distintos sectores.

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