Las encuestas consiguen subir la fiebre financiera, pero no bajarla

Una pregunta que se hacen ahorristas e inversores es si las mismas encuestas que hicieron subir el riesgo país semanas atrás, tienen ahora la capacidad de bajarlo. La respuesta que suelen obtener es un "no". Es cierto que se frenó el deterioro de la imagen de Mauricio Macri, y que gracias a la calma cambiaria de mayo aparecen sondeos en los que mejoran un poco las chances electorales de Cambiemos. Pero el mapa todavía no es muy diferente al de un mes atrás. Lo que ayudó ayer a que baje un poco la fiebre financiera fue, como casi siempre, el mundo. La Reserva Federal dio un mensaje favorable a una baja de tasas, y para los mercados esa señal fue suficiente como para darle impulso a los activos emergentes.

Este dato alcanzó para poner otra vez el riesgo soberano debajo de los 1000 puntos. Pero no hay que esperar un descenso mucho más notorio en el corto plazo. La principal razón es que no hay inversores que quieran sumar bonos argentinos a su cartera. Todo lo contrario: cuando el escenario mejora un poco, los fondos que todavía mantienen títulos aprovechan para liquidar algo de sus tenencias y reducir sus pérdidas.

El mundo tiene una lectura binaria de la Argentina, y en el exterior son pocos los que tienen la capacidad necesaria para decodificar encuestas o seguir los devaneos de Sergio Massa y Roberto Lavagna. El resto mira trazos más gruesos. Los administradores de fondos entendieron que la nominación de Alberto Fernández fue un buen gesto de Cristina Kirchner para achicar la percepción negativa que generaba su eventual retorno al poder. Pero siguen dividiendo al mundo entre racionales y populistas. Si en algún momento el segundo grupo demuestra que puede atraer más de 45% de los votos, entonces será esperable una reacción potente de los inversores.

La mejor noticia para el Gobierno no fue tanto la mejora del riesgo país como la baja del dólar. Como se mencionó, para reducir sensiblemente al primer indicador debería haber una demanda que sólo se activará cuando haya perspectivas de largo plazo favorable a la inversión y a una economía de mercado. O bien cuando a nivel local haya inversores institucionales con más volumen para absorber activos soberanos. El peso se apreció -como casi todas las monedas emergentes- y llevó a la divisa estadounidense abajo de $ 45. Nadie tiene intención de que baje, porque los analistas entienden que eso solo favorecerá a un rebote que puede agitar los precios.

Los economistas que aportan sus pronósticos al Banco Central asumen que la inflación comenzará a ceder a mayor velocidad a partir de junio y no temen que haya nuevos saltos cambiarios. La economía está aplanando un poco la cancha. Por eso las definiciones y acuerdos que terminarán de moldear el mediano plazo ahora deben partir de la política.

 

 

 

 

Tags relacionados

Más de Columnistas