Las cuotas sirven, pero no alcanzan ni transforman

Desde los tiempos en que se aprobó la ley de cupo femenino para la representación política en los años 90, se ha debatido en torno a la utilidad de las cuotas que regulan el porcentaje de mujeres en las listas partidarias. Si bien la acción afirmativa es una herramienta democrática válida para igualar algunas condiciones por un tiempo determinado, la discusión pasa por otro lado: las cuotas sirven, pero no alcanzan ni transforman.

A 70 años de la aprobación del voto femenino, es un buen momento para trazar un balance y ver qué ha pasado con respecto a la mujer y la agenda de género. En 1995 se instauró la ley nacional de cuotas y desde entonces se avanzó; hoy las mujeres representan el 38% en Diputados y el 41% de los puestos en el Senado, cuando previamente solo representaban el 5%. Las mujeres ampliaron su espacio de participación pero no logran la deseada paridad. Frente a un estancamiento en sus porcentajes de representación, en 2016 renace la discusión respecto de qué hacer para lograr mayor representación. ¿La solución es acaso subir la cuota el 50? ¿Qué implica que no haya suficientes mujeres en espacios donde se elaboran leyes sobre cuestiones que las atañen como la violencia de género, la educación sexual integral, el acceso a la salud, la reproducción o el derecho al trabajo?

Es cierto que la sola presencia de mujeres no garantiza que los derechos de las mujeres sean escuchados, pero al menos aumenta las probabilidades. Y siguiendo esta línea, ¿acaso la presencia de mujeres garantiza un avance en la agenda de género?

Para avanzar en una verdadera agenda de género el Estado debe invertir en capacitar a sus funcionarios, tanto hombres y mujeres en materia de género, en comprender como el género atraviesa la vida de las personas y distribuye poder en una sociedad, donde en general pero no siempre, pierden las mujeres.

Nuestros hacedores de política deben saber que ser mujer en Argentina deriva en un menor acceso al trabajo, en largas horas de trabajo de cuidado no remunerado de niños y adultos, en mayores probabilidades de ser madre adolescente, en mayores gastos de salud y de cuidado personal, en menores ingresos por el mismo trabajo, en tasas más altas de desempleo e informalidad, en una sobre valoración de su roles de madre y esposa y en altas probabilidades de experimentar situaciones de violencia a lo largo de su vida.

A su vez, deben saber que ser hombre viene acompañado de menores probabilidades de terminar la escuela secundaria y terciaria, una presión por sostener económicamente a la familia y los hijos, mayores tasas de suicidio, mayores probabilidades de terminar en la cárcel, estar sujetos a modelos de masculinidad y éxito muy limitantes y una imposibilidad de manifestar libremente sus emociones.

En el panorama político actual hay partidos con una agenda de género más marcada que otros, pero en general, es una agenda bastante reducida. Se ha avanzado en legislar cuestiones como la violencia hacia las mujeres y la identidad de género, pero poco se ha revisado en materia de legislación laboral, licencias, una agenda integral de cuidado. Tampoco se han revisado cuestiones educativas y culturales vinculadas con la construcción y reproducción de estereotipos de género en todos los ámbitos, la escuela, la familia y el Estado.

El objetivo de que la política tenga una perspectiva de género refiere a que seamos una sociedad más libre y diversa, donde el acceso y goce de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales no esté determinado por el origen socio-económico, la etnia o la religión, pero tampoco por el hecho de ser hombre o mujer.

 

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