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Las ambiciones nucleares de Irán y la seguridad internacional

ROBERTO GARCÍA MORITÁN Exvicecanciller de la Argentina

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Trump anunció que vuelven las sanciones al petróleo de Irán

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El acuerdo nuclear con Irán del 2015 está en un desfiladero. La retirada de Estados Unidos del Plan de Acción Conjunto y Completo (JCPOA) compromete al instrumento y desacomoda la agenda de seguridad internacional con una hoja de ruta que amplía el perímetro punitivo contra Irán.

La percepción que el JCPOA no es suficiente para detener las ambiciones nucleares de Irán, era un acontecimiento esperado. Dos datos, entre otros, han dominado la polémica. El primero es que el Plan ha legitimado una matriz de desarrollo de material fisionable que puede ser germen de futuras actividades proliferantes. El segundo, que el instrumento no incluye limitaciones a los misiles balísticos cuyo desarrollo operativo no tendrían justificación si no se pretendiera poseer en algún momento armas nucleares, en particular misiles con alcance superior a los dos mil kilómetros.

Rusia y China no han llegado a la misma conclusión. Tanto Moscú como Beijing siguen respaldando a Teherán que lamentablemente ha negado cualquier posibilidad de modificar el texto original del Plan de Acción. El Kremlin ha enfatizado la necesidad de conservar el acuerdo nuclear para mantener una plataforma sobre la cual ampliar el dialogo, dando a entender que en ese marco se deberían discutir las diferencias incluyendo la problemática de los misiles. Resulta desilusionante que ambas potencias, junto con la Unión Europea, no hayan estimulado ese proceso para evitar la denuncia de EE.UU. al JCPOA.

La primera reacción iraní a la acción unilateral de Washington es preocupante por cuanto reafirma la voluntad de reanudar la producción industrial de uranio enriquecido al 20%. Esa capacidad de purificación de uranio, como el volumen que tendría la intención declarada de producir, excede significativamente las necesidades de combustible para las centrales nucleoeléctricas lo que permite especular que puede ser utilizado como un paso para construir un arma nuclear. Consecuentemente, esa posición y anuncios de la eventual denuncia iraní del Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), dan pie a argumentos que Irán perseguiría fines nucleares militares. Israel así lo cree al haber anunciado que ese programa ya existe para producir 5 cabezas nucleares de 10 kilotones cada una.

El reconocimiento que el JCPOA es imperfecto y requiere ser corregido, no es la única cuestión relevante. También inciden las aspiraciones geopolíticas de Teherán, en particular la presencia militar en Siria como la rivalidad con Arabia Saudita. Naciones Unidas, en reconocimiento de este complejo cuadro de tensión, ya no parece creer en la posibilidad de una solución diplomática en Siria bajo el auspicio de Rusia. Los formatos de Sochi y Artana parecen agotados.

Las circunstancias no pueden ser más graves ante la pluralidad de diferencias sensibles. Es de esperar que, como en el caso de la Península coreana, se imponga finalmente la diplomacia para, por un lado, intentar un ejercicio para ampliar las falencias técnicas del JCPOA y, por otro, iniciar negociaciones que revierta tendencias estratégicas que parecen estar, en definitiva, en el centro de la tragedia histórica de Medio Oriente.

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