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La tropa sindical se enojó y le puso fin a la paz del verano

La tropa sindical se enojó y le puso fin a la paz del verano

Cuando en pleno diciembre pasado, el Gobierno cedió a la doble presión de la CGT y la oposición y avanzó más allá de sus planes iniciales en la reforma para reducir la carga del impuesto a las Ganancias sobre los salarios, muchos interpretaron que a cambio la administración de Mauricio Macri había conseguido el oxígeno suficiente para enfriar el escenario de conflictividad social al menos hasta el arranque de la nueva ronda de paritarias.

Pero la renovada amenaza sindical de una medida de fuerza para exigir respuestas frente al complejo panorama laboral en la industria, puso en jaque cualquier aspiración de una pax veraniega con la que se entusiasmaban en la Casa Rosada. "Los muchachos no se toman vacaciones", razonó irónico un importante funcionario tras el tono belicoso que imperó el jueves último en la cumbre sindical de Mar del Plata que organizó el gastronómico Luis Barrionuevo, uno de los gremialistas que suele ostentar su cercanía al macrismo. Ya un par de días antes las declaraciones de Juan Carlos Schmid a El Cronista habían encendido una luz de alarma entre los colaboradores del Presidente. El triunviro advirtió concretamente sobre la posibilidad de un portazo de la representación de la CGT en la mesa de dialogo tripartita.

Las nuevas advertencias gremiales alimentaron la posición de aquellos sectores del oficialismo que siempre impugnaron la política de concesiones de Macri a la dirigencia sindical. Allí volvieron a la carga con el recuerdo del acotado margen de ganancias en términos de disciplinamiento gremial que significó para el Ejecutivo la decisión presidencial de pagar la histórica deuda de $ 30.000 millones reclamada por las obras sociales sindicales.

En la vereda de enfrente, los funcionarios que defienden la instancia de diálogo con los caciques sindicales ponen el acento en que justamente esa estrategia fue la que posibilitó al Gobierno administrar el conflicto social sin mayores dificultades. "No tuvimos un solo paro general", suelen machacar frente a sus críticos. Y atribuyen los nuevos cortocircuitos con el gremialismo a la dinámica propia del año electoral en marcha.

En la CGT se desmarcan de las cuestionamientos que enarbolan intereses electoralistas detrás de sus movimientos. Profundizan, en cambio, en una línea discursiva unívoca: su actitud es una reacción defensiva típica frente a lo que interpretan como una ‘provocación’ oficial, que promueve una amplia reformulación de condiciones en el mercado de trabajo en medio de un contexto socio–laboral crítico por el impacto de la caída de la actividad económica sobre el empleo y la capacidad de consumo de los trabajadores.

La alarma sindical crece y se sustenta en la convicción de que en la Casa Rosada no existe plan para contener los despidos y suspensiones que se acumulan principalmente en las fábricas metalúrgicas, textiles o del calzado. "No tienen o nos les interesa tenerlo", reprochan los sectores gremiales más molestos.

Antonio Calo, el jefe de la UOM, lo comprobó en persona durante la charla a solas que mantuvo la semana pasada con Macri en la búsqueda de alguna solución para evitar el cierre de la planta de la firma Banghó en Vicente López. El Presidente le advirtió que no habrá marcha atrás con la decisión de eliminar los impuestos a la importación de notebooks y le recomendó aceptar los proyectos de reconversión de la actividad alentados por la cartera laboral que comanda Jorge Triaca.

Pero más allá del complicado escenario y la creciente presión de las bases industriales, nadie en la central obrera se atreve a plantear la alternativa de un paro general en el corto plazo. La estrategia más inmediata se concentrará en la apuesta de restar apoyo al paquete oficial de iniciativas para promocionar la registración laboral (pasantías, subsidios a las contribuciones laborales) y a bloquear la doble ofensiva por reformular los convenios colectivos e imponer un tope del 20% a los acuerdos salariales. Empezar a marcar la cancha a paso lento pero seguro parece ser la consigna que se impone en la CGT. La amenaza de paro permanecerá latente como telón de fondo. Que se active en la superficie dependerá en gran medida de la efectividad del diálogo y de las urgencias que imponga el horizonte electoral.