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SÁBADO 15/12/2018
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La trinidad imposible

ALEJANDRO GONZÁLEZ ESCUDERO Presidente de Fundecos. Fundación Economía y Sociedad.

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La trinidad imposible

En cualquier curso de Macroeconomía se puede encontrar la ampliamente conocida trinidad imposible. Derivada del modelo de los economistas Mundell y Fleming, en ella se afirma que no pueden obtenerse simultáneamente estos tres objetivos de política macroeconómica: Tipo de cambio controlado, apertura al mundo de los mercados de capitales domésticos y una política monetaria también autónoma controlada por las autoridades. De este modo, dada la opción por la libertad de mercados de capitales, si se elige establecer un tipo de cambio fijo, no podrá manejarse libremente la política monetaria. Las cantidades de dinero y los tipos de interés quedarán dependiendo del tipo de cambio, de los flujos de capitales y de la tasa de interés internacional. Si, por el contrario, se pretende efectuar una política monetaria expansiva, más dinero para financiar el gasto público o para bajar la tasa de interés, provocarán presión en el mercado cambiario, porque comenzará a resultar atractivo obtener divisas escasas y deshacerse de la moneda local abundante. Como el tipo de cambio es fijo, la autoridad monetaria comenzará a cambiar activos en divisas por los pesos que los tenedores intentan desprenderse o deberán obtenerlas tomando nuevas deudas en el exterior.

Si, en cambio, se decide manejar la cantidad de dinero y la tasa de interés, el valor de la moneda respecto de las demás quedará sujeto a los flujos de fondos que actuarán según la atracción que provoque (o no) la tasa de interés local respecto de las externas.

En contra de estas dos alternativas, podría resignarse el libre flujo del mercado de capitales, para poder llevar adelante una política monetaria expansiva tratando de impedir que el tipo de cambio aumente como consecuencia de la mayor cantidad de dinero.

El Gobierno trató de derrotar a la trinidad imposible. Veamos qué pasó. Al asumir, decidió liberar los mercados financiero y cambiarios, la famosa salida del anterior cepo. Permitió el libre flujo de capitales y la compra-venta de divisas. Podría haberse intentado estabilizar el tipo de cambio, y eso hubiese significado que la política monetaria quedase condicionada al flujo de fondos financieros, préstamos del exterior y entrada y salida de capitales. La consecuencia en ese momento habría sido una política monetaria condicionada, impedida de financiar el déficit fiscal que continuaba sin cambios.

O podría llevarse adelante una política monetaria expansiva, buscando promover una mayor actividad económica y gasto. Pero esto ocasionaría una reducción de la tasa de interés real y una salida de capitales y la consecuente imposibilidad de mantener el tipo de cambio, ya que se produciría una depreciación del peso a raíz del atractivo que despertaría el tomar posiciones en otras monedas.

Pero el Gobierno intentó hacer todo la vez. Levantó el cepo, liberó el intercambio con los mercados financieros internacionales. Se mantuvo un tipo de cambio y se lanzó una política monetaria expansiva a través del gasto público. Como se necesitaban capitales del exterior para recomponer reservas y financiar gastos, se buscó incentivar esos movimientos manteniendo el tipo de cambio y evitando que el interés deje de ser atractivo, cuando lo esperable en casos de mayor oferta monetaria es que baje. Un escenario perfecto para el carry trade. Se adicionó un importante aumento de la cantidad de moneda originado en la financiación de un ingente gasto público. Y se trató de evitar que la inflación consiguiente provocase una devaluación de la moneda con más llegada de capitales y deuda.

Como era de esperar, aunque antes de lo previsto, los desequilibrios finalmente aparecieron con la virulenta crisis cambiaria vivida en los últimos meses, sin oportunidad de corregirlos gradualmente. Otra vez Argentina choca contra la trinidad imposible. Y el intento de liberar los flujos de capitales, controlar el tipo de cambio y expandir la oferta monetaria y el gasto, nos deja en dos años y medio con monedas extranjeras que valen el doble, 100 % de inflación acumulada y un incremento de 100.000 millones de deuda externa, de los cuales solo la mitad están en reservas.

Rara paradoja: el Gobierno anterior desistió en cierto momento de enfrentar a la trinidad imposible. En 2011, no dispuesto a resignar sus manejos en política monetaria y cambiaria, atacó el libre movimiento de capitales con el exterior e inventó el cepo. A su manera, los "heterodoxos" de entonces reconocieron este límite.

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