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La tragedia de los refugiados

La tragedia de los refugiados

La crisis de los refugiados es una tragedia humanitaria cada día más grave y se está transformando en el mayor desplazamiento de personas en Europa desde la segunda postguerra. La guerra civil en Siria y la lucha contra el fundamentalismo islámico ha sido el último detonante de un flujo descontrolado de migrantes económicos y solicitantes de asilo que se está convirtiendo en uno de los mayores desafíos de la comunidad internacional en el 2016 y en el próximo lustro. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha señalado que el número de refugiados forzados y desplazados a nivel mundial llego a los 59,5 millones de personas. Los de origen sirio, afgano y somalí representan el 53%.


Según datos de la Agencia de Fronteras de la UE (Frontex) en el 2015 más de 1.800.000 refugiados ingresaron a la Unión Europea. La situación es alarmante en los Balcanes y particularmente en Grecia. La amplia mayoría de los refugiados utilizaron esa ruta en el 2015 para llegar al espacio Schengen. A la corriente de sirios e iraquíes se han sumado los afganos (principalmente de la etnia hazar perseguida por los Talibanes). También hay grupos de Libia, Eritrea, Nigeria y Somalia. Desde enero del 2016 se calcula en aproximadamente 3000 refugiados por día y que, a partir de la primavera europea, podría aumentar a 7 mil entradas diarias. El gobierno alemán calcula que hasta el año 2020 llegaran casi 4 millones de refugiados.


Grecia es hoy el país más acechado por la crisis migratoria como ha ocurrido con Jordania, Líbano y Turquía (2 millones de refugiados). El campamento griego de Zaatari ya alberga 80 mil sirios. Existe el riesgo que Grecia sea utilizada como un cordón sanitario aprovechando que en términos geográficos limita con países no miembros de la Unión Europea (Turquía, Albania o Macedonia) o con Bulgaria que si bien es comunitario no forma parte de la zona Schengen. Los planes de contingencia de la UE incluyen la posibilidad de que Atenas salga del espacio Schegen de libre circulación de personas que, junto al euro, es quizás su principal logro.


Turquía sería la otra valla de contención. Con tal de lograr apoyo a la lucha contra los kurdos y evitar que la eventual desintegración de Siria lleve a la independencia del Kurdistán, están dispuestos a convertirse en el freno de la marea de refugiados.


Este fenómeno dramático está poniendo a prueba a la Unión Europea. La reacción de Bruselas es desilusionante. También la actitud de muchos otros países de regiones geográficas más distantes que no han mostrado mayor sensibilidad frente a la crisis humanitaria de los refugiados. Los aportes hasta ahora han sido muy inferiores a los esperados. Un ejemplo, entre otros, podría ser el caso de Argentina, Australia, Brasil y Canadá que, por dimensión geográfica y población, no han contribuido todavía con una respuesta en números de aceptación de refugiados a la altura de las circunstancias.


Es evidente que ante la dimensión de la tragedia sería necesaria mayor responsabilidad por parte de toda la comunidad internacional como lo advirtió el enviado especial de Naciones Unidas para Inmigración y Desarrollo, Peter Sutherland, al destacar que "todos los países del mundo tienen la obligación, por razones humanitarias, de aceptar refugiados". El Papa Francisco, desde el inicio de la crisis, también viene reclamando por mayor solidaridad mundial.