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La tormenta cubana

La tormenta cubana

Cuba se encuentra en medio de una tormenta superior al huracán Matthew. Las tendencias negativas que se derivarán de la parálisis parcial del acercamiento con Estados Unidos y de la pérdida del apoyo financiero de Venezuela, aumentarán de manera sensible en el corto plazo. Las estadísticas son preocupantes. La economía se contrajo alrededor de un 1% en el 2016 y es probable que la recesión continúe en el 2017. Ya en el 2015, según datos oficiales, las exportaciones (níquel, azúcar y tabaco) habían caído un 31%. En ese panorama crítico, el suministro de petróleo y derivados se ha convertido en una de las mayores urgencias. Cuba, con un déficit energético del 60%, consume 22.000 barriles diarios de diésel y 140.000 de productos refinados del petróleo. Para cumplir con ese abastecimiento necesita aproximadamente u$s 2000 millones anuales.

Venezuela, que proporcionaba el 70% de las necesidades energéticas cubanas, disminuyó los envíos de petróleo subvencionado en un 40%. El crudo venezolano permitió a Cuba exportar derivados, pero las exportaciones de la refinería de Cienfuegos, gestionada por Cupet y PDVSA, cayeron de u$s 500 millones anuales a u$s 15,4 millones en el 2016, según el sistema estadísticos de Naciones Unidas (UN Comtrade. Desde mitad del 2016, se mantiene un plan de ahorro de electricidad y combustible que ha afectado el alumbrado público, empresas estatales y el comercio en general. La nafta especial quedó reservada para autos de turistas.

El gobierno cubano, rememorando tiempos de la Unión Soviética, intenta que Rusia sea la alternativa y aumente, con precios preferenciales, los envíos de petróleo y diésel. Las dudas para que Cuba pueda acceder a un suministro ruso constante y estable giran, entre otras, en torno de la financiación. La deuda de abastecimiento con Moscú ya alcanza los casi mil millones de dólares tras la condonación en el 2014 del 90% de la deuda que Cuba mantenía con la URSS (u$s 30.000 millones) principalmente por envíos históricos de petróleo.

Fuentes de suministros alternativos que persigue Cuba son Irán, Argelia, Angola, Catar y Arabia Saudita. En todos esos casos y otros en negociación, el esquema cubano es procurar el canje de petróleo por servicios médicos y de biotecnología. Con Irán, por ejemplo, los acuerdos han incluido además una referencia genérica de asistencia en ¿inteligencia militar?. Con Arabia Saudita se enviaría próximamente a 108 profesionales de la salud a cambio de suministros petroleros.

La escasez energética de Cuba es el talón de Aquiles de la frágil economía con el potencial para amenazar la estabilidad social. Es probable que la empresa rusa Rosneft, por decisión política del Kremlin, siga suministrando hidrocarburos en condiciones preferenciales aunque nunca en los términos favorables de Venezuela. La asistencia financiera rusa podrá solo paliar urgencias circunstanciales pero difícilmente será suficiente para superar el sacudón que supone la revisión de la estrategia de Estados Unidos respecto a Cuba. Tampoco la economía rusa está en condiciones para períodos prolongados de excesos de generosidad.

Cuba ha resistido el embargo comercial norteamericano por medio siglo, la duda es si lo podrá seguir haciendo en el futuro. También si la sociedad cubana estará dispuesta a repetir los mismos sacrificios del pasado. La regresión de la euforia que produjo el acuerdo entre Obama y Castro del 2014, puede tener consecuencias de insatisfacción política y social. Más allá de la nueva retórica de Washington, quizás es hora que el régimen cubano haga finalmente autocritica y se en-camine a un proceso de transición política con pleno respeto a los derechos humanos.

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