La solución es poner en marcha al sector privado

Para caracterizar el momento económico que atraviesa nuestro país, podemos decir que ha llegado la hora de la verdad.

El Gobierno se ha negado, sistemáticamente, a presentar un plan integral que dé una respuesta global frente a la crisis. Ha seguido políticas que pueden ser consideradas parciales, minimalistas y precarias.

Parciales porque cuando surgía un problema en algún sector, se ponían como anteojeras y miraban solo ese sector, ese mercado. No tenían una visión global y de intercomunicación entre los diferentes mercados. Con lo cual han armado un lío en la mayoría de los casos.

Minimalistas, por que los objetivos de la acción del Gobierno eran mínimos, de cortísimo plazo. No había una apelación a la sociedad, para que se encolumnara detrás de un proyecto.

Y además precaria, porque muchas de las medidas tomadas tienen un límite temporal. ¿Cómo pensar que se puede seguir indefinidamente con el congelamiento de los precios o de las tarifas? ¿Cómo pensar que se puede seguir indefinidamente con el problema cambiario?

Todo esto no fue indiferente. Tuvo un grave costo en términos económicos y sociales. Los desequilibrios que habían sido recibidos como herencia de Mauricio Macri se agravaron, como la recesión y la pobreza. Pero claro, surgió un gran apelativo, una gran justificación: la pandemia. Todo esto es más grave por la pandemia. Además de lo que pasó y de las herencias de la crisis, se ha armado un gran problema en las políticas de ingresos, precios, tipo de cambio, sector externo, etc.

Se ha formado ese combo y la justificación. Pero eso se terminó, no hay más espacio para seguir con ese tipo de políticas ni para seguir justificándolo con la pandemia, que vino a profundizar los problemas que ya teníamos.

Porque ha aparecido el gran jugador en este juego, el Fondo Monetario. Lamentablemente lo que no pudo, no supo, o no quiso hacer el Gobierno, que era presentar un plan integral para enfrentar la crisis, lo va a hacer el Fondo Monetario internacional, no cabe la menor duda. Nos guste o no nos guste.

La incapacidad o la falta de voluntad del Gobierno en ese aspecto, ha llegado a que ahora estemos sentados frente al Fondo Monetario, y ellos digan qué políticas hay que seguir en adelante. ¿Puede hacer algo el Gobierno? Puede discutir u opinar sobre algún punto, puede decir esto me gusta más, esto me gusta menos, pero no mucho más?

¿Y qué va a poner el FMI sobre la mesa? El sector público, el Gobierno, las finanzas públicas. Esto va a hacer que se acabe una gran fantasía que algunos funcionarios y economistas piensan: que la palanca, el motor de reactivación y recuperación económica fuese el sector público.

Y no va a decir que se siga expandiendo el gasto, sería absurdo, sería un milagro. El Fondo va a decir que se debe ajustar el gasto: miren las jubilaciones, los salarios, los subsidios, etc. Y esta no es una solución para el país.

Esperemos que de una vez por todas encontremos el camino. Pero el camino no es pensar que el sector público puede seguir siendo el motor de la economía, o que en la baja del gasto público se encuentra alguna alternativa. La solución está en el plano diametralmente opuesto, en una política que recree la fuerza del sector privado y utilice el concepto de comunidad organizada, o de acuerdo social, y factibilizar todo lo que se necesita para darle un impulso decisivo a nuestra economía.

(*) Economista y presidente del Consejo de Empresarios Nacionales.

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