La sociedad pide diálogo, pero para la política la tregua del Covid se evaporó

La pandemia que causó el coronavirus tuvo un efecto tan arrollador durante sus primeros meses, que consiguió detener el tradicional péndulo de la Argentina. El gobierno nacional, los jefes de distrito y los legisladores, sin distinción de banderas, trabajaron para contener un virus que multiplicó los padecimientos argentinos. La sociedad les otorgó un mandato claro: "cuidame".

Pero con el correr de los meses, la política volvió a la escena. Y si bien los índices de aprobación eran un reflejo evidente de esa vocación de resolver los problemas entre todos, la gestión de Alberto Fernández empezó a transitar por los senderos más pragmáticos de la política.

Desde que Cristina Kirchner retornó a la escena pública (su reaparición se produjo cuando se anunció el acuerdo por la reestructuración de la deuda), muchas de las decisiones de la Casa Rosada estuvieron orientadas a acomodar los equilibrios internos de la alianza gobernante, dejando en segundo plano la concordia de los meses previos. Desde la frustrada expropiación de Vicentin al proyecto de reforma de la Justicia (incluida la pulseada por la elección del futuro procurador general). La carta que la vicepresidenta hizo pública por el aniversario de la muerte de Néstor Kirchner no hizo más que profundizar esta tendencia.

La Ciudad de Buenos Aires apareció así como el blanco perfecto, ya que Horacio Rodríguez Larreta emergió como un líder ordenado y dialoguista, convirtiéndose en el principal referente opositor. Como se sabe, a muchos movimientos políticos les gusta definirse más por la elección de su rival o enemigo que por sus acciones positivas. El kirchernismo suele abrevar en esta tendencia. Salta a la vista.

Cuando la provincia de Buenos Aires tuvo que afrontar una crisis salarial en la policía bonaerense, la solución vino de un intempestivo recorte a la coparticipación de la Ciudad. Alberto Fernández aseguró que era una medida que se le había anticipado meses atrás. Pero no termina ahí: otro proyecto que busca adecuar los giros para financiar el traspaso de funciones de la Policía Federal a la fuerza porteña, achicará aún más los giros federales. Por esta razón, e su presupuesto para 2021, Larreta aplicó un ajuste de $ 52.000 millones que está condicionado a la apelación que presentó a la Corte Suprema.

Los tumultos que surgieron durante el velatorio de Diego Maradona son otra prueba más de la misma estrategia. La denuncia penal interpuesta por el Ejecutivo contra las autoridades porteñas no se resolverá con un whatsapp. Es una estaca clavada en la grieta.

El horizonte electoral de 2021 se hace cada vez más nítido. El pedido de la sociedad sigue siendo el mismo: cuidame del Covid, pero también de la inflación. Y si todos se ponen de acuerdo para hacerlo, mejor. Queda claro que no todos leen igual lo que dice la opinión pública

Tags relacionados

Más de Columnistas

Compartí tus comentarios