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La seguridad, la Justicia y la resiliencia

La seguridad y la administración de Justicia requieren políticas de Estado realizables que no siempre deben gustar a la mayoría sino servir a la democracia.
Ante el contexto social en el que se encuentran involucradas la seguridad, la Justicia y la ciudadanía es importante poner el eje en la relación de convivencia. La cual necesita confianza, credibilidad y el compromiso de todos. Solamente juntos podemos seguir mejorando el sistema.
Es fundamental ese empuje, para que avale, apoye y refuerce las decisiones que toma del Estado Nacional. Y que este último motive y devuelva el feed-back a través de resultados visibles y concretos.
En un vínculo que se encuentra desgastado hace años, estos actores deben ser resilientes y atravesar de manera consciente la transformación que se necesita para crecer y madurar.
Es tarea conjunta de todos los argentinos recomponer las instituciones, los valores y la educación para fortalecer lazos sociales pacíficos, de buena educación y costumbres. Con un Estado que organice, proteja y cumpla.
Una seguridad y una justicia ágil, transparente, cercana y dinámica. Que se vuelvan accesibles para todos los ciudadanos. Con herramientas y canales de acceso que protejan la vida, trabajo y bienes de las personas es lo que estamos consiguiendo como resultado del trabajo en equipo.
Una gestión con transparencia es legal. Es mejor. Democracia sin corrupción es normal y crecemos todos. Este es el camino del acuerdo.
El delito no se resuelve de un día para otro. Se lo combate durante años para erradicarlo definitivamente. Una sana preocupación sobre el tema es lo correcto y desde el Estado planificación y acciones concretas.
Hay que transformar la apatía en interés. Fomentar la participación ciudadana. No hablo de prevención técnica y discursiva. Sino de vecinos atentos, de conductores de autos que respeten las reglas de transito, de usuarios del transporte público con ojos abiertos y dispuestos a ayudar al que tienen al lado. De consumidores responsables que hagan valer sus derechos. De demostrar en la acción ser personas en sociedad que realmente les importa el otro. De recuperar la dignidad en lo pequeño y la esperanza. Y convertirlas en un gran motor que ratifique el deseo de crecer. De involucrarse y salir del miedo y del individualismo.
Hay que aspirar a la tranquilidad social asumiendo que el cambio no vendrá de una fuerza sobrenatural sino del trabajo conjunto que se logra con la convicción de saber qué es lo que se quiere y lo que no. Vivir sin tensiones, recuperar los espacios comunes y no ser más presa de la delincuencia. Si es eso lo que más importa, los ciudadanos deben ser consecuentes en el día a día. Recuperar su rol participativo, perdido, desdibujado e ignorado por los años del último gobierno. Y así acompañar al Estado para que no solo nos proteja, sino para que también ejerza su responsabilidad de asegurar Seguridad y Justicia independiente, y transparente.
Por último, como decía Manuel Belgrano: "El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al ino cente". En este caso agregaría una atención especial a las víctimas de delitos.

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