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La recesión camino de profundizarse

No parece que la economía vaya a mejorar a partir del segundo semestre. Mientras esperan inversiones que no ‘llueven’ debido al aumento del ‘costo argentino’, el gobierno pretende reactivar con obra pública.
A ver. El Estado no produce capitales de modo que las inversiones que digita son recursos retirados del mercado: se le quita producción al sector privado, pasa por una burocracia que se queda con parte y llega disminuida a la ineficiente inversión estatal. De modo que la obra pública es recesiva no reactivante.
Pero la política más absurda es la monetaria. La inflación no se disparó por el aumento de tarifas que, por ejemplo, en el caso de la quita de subsidios debió compensarse con una quita equivalente de los impuestos con los que se financiaban los subsidios. En un mercado libre las tarifas se reacomodan -suben unas, bajan otras, se cambian los hábitos de consumo- sin provocar inflación.
Aquí hubo un ‘rodrigazo’, aumentos digitados por el Gobierno mientras que la inflación se dispara debido a las políticas monetarias -y al gasto-también del Gobierno. Los políticos inventaron una ‘teoría’ para poder gastar sin controlar la emisión: las ‘metas de inflación’, una de cuyas variantes aplica el BCRA que consiste en emitir dinero en exceso y, luego, intentar engañar al mercado retirando circulante vía Lebacs.
Ya decía en 1614 el escolástico Luis de Molina que ‘Siempre que la demanda de moneda sea mayor, ya sea para comprar o transportar bienes..., allí su valor será más alto’. O sea, la inflación se produce cuando la oferta supera a la demanda de moneda para ser utilizada en el mercado.
Entonces, cuando el BCRA ofrece Lebacs, provoca una caída en la demanda de moneda, para ser utilizada en el mercado, ya que es entregada a cambio de las Letras. El proceso es muy inflacionario, porque produce una escalada en la suba de tasas en general contrayendo en catarata la demanda de dinero.
Los datos. Cuando Macri asumió, la tasa de crecimiento de la cantidad de dinero rondaba el 45%. Desde entonces absorbieron $ 140.000 millones con Lebacs, mientras que la tasa de emisión monetaria bajó al 25% interanual. Así, la cantidad de dinero (M1) en términos reales -considerando una inflación del 30% anual- cayó 20% este año o sea que debería haber deflación, según la teoría del BCRA. Pero como cayó la cantidad de dinero, pero también la demanda, se mantiene la inflación.
Para remate, esto genera un
fuerte endeudamiento, una bola de nieve que deberían pagar lo antes posible porque tiene absorbidos capitales productivos y mantiene las tasas altísimas. Y para remate del remate, al volcarse los pesos a las Lebacs, provoca una baja en el precio del dólar -tenemos el carry trade, el cambio de monedas para aprovechar las tasas, más alto del mundo- perjudicando a los exportadores y beneficiando las importaciones contra la producción nacional.

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