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La realidad: eso que está entre lo deseable y lo posible

Empiezan a aflorar las primeras mediciones de la inflación en marzo. Parece ser un hecho que no cede. Los primeros dos índices que salieron no son los que toma el gobierno hasta la salida del IPC pero marcan una tendencia.

Para la CGT de Moyano, la inflación de marzo alcanzará el 4,65%. Este índice marca un aumento del 38% en los últimos 12 meses. Bajo este índice, una familia tipo necesita $ 11.600 para ubicarse por encima de la línea de pobreza.

Por su parte el Centro de Estudios Económicos y Sociales (un centro filo-kirchnerista) va un poco más allá y estima una inflación de 6% para marzo. Al tiempo que Economía y Regiones, destaca que si bien marzo se inscribirá dentro de los registros por encima de 4%, la inflación ‘núcleo’ está bajando, producto de la política monetaria acertada del BCRA.

Entre los productos con mayores aumentos se encuentran verduras, aceites y fideos. El aumento promedio de luz para CABA es de 532%.

En el horizonte de corto plazo no se observa una caída de la inflación. En abril sube gas y transporte público. En mayo, subiría agua y subte. En junio, telefonía.

En este marco, se conocen las caídas en el consumo, que fuentes privadas ubican en 13,8% para quesos, 3,7% en pan, 2,1% en leche y 5,9% en carnes. Justamente en el último rubro, además se ve cómo el efecto ingreso opera sobre la composición del consumo generando reemplazos del tipo que supone el cambio de peceto por la falda; la milanesa de peceto o bola de lomo por cuadrada.

También creció el consumo de churrasco de paleta en detrimento de los bifes con hueso y se duplicó el consumo de carne picada.

Se supone que el efecto del reacomodamiento de precios relativos, que es ‘de una vez’ dejara de presionar sobre la inflación total, para el segundo semestre, también es claro que con la política monetaria restrictiva, el pase precios de la devaluación es inferior al experimento realizado en 2014 con el anterior equipo económico de Kicillof - Vanoli.

Sucede que la contracara de la política de tasas altas, es una fuerte retracción en la actividad económica con la consecuente caída del empleo. Lo cual introduce inestabilidad al respaldo político necesario para poder seguir adelante con lo que se esta haciendo, que es ni mas ni menos que un ajuste.

El desafío de Macri consiste en gobernar sin el infierno a la vuelta de la esquina. Los ajustes en periodos democráticos sin una crisis previa, siempre han resultado traumáticos y de resultado incierto. Resulta difícil prometer el paraíso del mañana cuando mucha gente se percibe cada día un poco peor antes que mejor. Poco a poco subirá la presión por los resultados a medida que se agote la paciencia de los que menos tienen y hoy ven el final de mes como un objetivo difícil de alcanzar sin recurrir a restricciones que no padecían en los últimos meses.

No siempre se trata de lo correcto desde el punto de vista técnico y la mayoría de las veces hay que entender que lo perfecto es enemigo de lo bueno. La política tiene que empezar a desplegar una estrategia que contemple algo más que la superestructura que representan los acuerdos en el Congreso o con los gobernadores. Es tiempo de mostrar con claridad las políticas sociales.

Así como el ministro de Producción, Francisco Cabrera, es el encargado del futuro, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, es la responsable de aportar al presente. Vale decir que la territorialidad necesaria para sostener el ajuste que se lleva adelante no es propia del partido de gobierno, y si no aparece pronto un conjunto de buenas noticias, el descontento se empezara a materializar en la calle.

Siempre ha resultado difícil desactivar granadas que ya explotaron, es decir, con más o menos edulcorante las malas noticias son eso, malas noticias. La mejor forma de contenerlas es que empiecen a llegar las buenas, que baje el IVA para 8 millones de personas como pretende el Ejecutivo, que se proteja inteligentemente las prestaciones del PAMI a los jubilados, que se asista a quienes deberían abonar la tarifa social en el transporte o en los servicios públicos. Y no lo hacen porque no saben como.

Aceptar la mirada de aquellos que tienen necesidades concretas, implica alejarse un tanto de los libros y la teoría para construir una sensibilidad diferente, tal que pueda recoger las carencias sin dejar presos del intercambio que siempre propuso el populismo para aquellos que siempre pagan los costos: los que menos tienen.

Aun si se cumple el pronóstico del Gobierno, y baja la inflación en el segundo semestre, aun si llega la ansiada lluvia de dólares cuando salgamos definitivamente del default, sería bueno que las autoridades comprendan que si la inflación sigue en estos niveles, y el consumo se sigue desplomando al tiempo que aumentan la pobreza y el desempleo, lo que el Gobierno tiene no es un plan económico sino un flor de problema.