Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
U$D
/
MERVAL

La produción de sentido común: si no hay renuncia Gómez Centurión es Macri

Las declaraciones del titular de la Aduana, el ex carapintada Gómez Centurión, no hacen más que ratificar lo que piensa un sector del partido gobernante con el agravante que la sospecha acerca de esta particular visión de nuestra triste historia reciente no recae en algún sector ‘border’ o ‘pro procesistas’ de quienes apoyan al PRO, sino en el mismísimo presidente Macri.
Como una sucesión de indicios graves y concordantes -diría un juez penal- la historia empezó con el recordado reportaje al presidente hablando de "guerra sucia", con los dos capítulos protagonizados por Darío Lopérfido, como un guiño del destino haciendo honor a su nombre (lo-pérfido), cuestionando la cifra de víctimas de la dictadura. A ello, siguió la decisión argumentada patéticamente por el secretario de Derechos Humanos a nivel nacional y bien cuestionada por el funcionario del área en la provincia de Buenos Aires, que terminó siendo revocada por la tremenda presión social que amenazaba con transformar el próximo 24 en una movilización histórica (de hecho lo será igual). Lo que parecía concluido allí, retornó como un quiero re-truco apologista del terror con las declaraciones de este nefasto personaje que, ojalá los hechos demuestren lo contrario, habla en nombre de alguien muy pero muy importante.
Sin embargo mas allá de la gravedad de lo relatado lo que subyace es la continuación en esta disputa por la ‘producción de sentido’ o por la ‘construcción del sentido común’ en Argentina. Cuando una fuerza política se apropia de la conducción del Estado además de administrarlo y gobernar necesita legitimarse en el campo de las ideas. Y con el poder que le brinda el Estado intenta imponer la suya en un ‘combate de las ideas’. Se trata de una lucha cultural, de símbolos, de identidades, de ideas fuerza. De esa forma el proyecto político intenta consolidarse culturalmente, afirmar su hegemonía. En ese marco la Alianza Cambiemos intentó construir un imaginario del gobierno anterior (pesada herencia), sacó a los próceres de los billetes (por ejemplo) y entre muchas cosas más intenta en función de algunos simpatizantes pro-procesistas y la visión del Presidente, hacer revisionismo de la dictadura militar, de manera que el ‘nuevo sentido común’ tenga una mirada distinta a la construida por décadas por nuestra cultura de derechos humanos.
Lo que no estamos seguros es si se trata de una visión de un proyecto político u una postura del presidente por imponer su idea sostenida -cuanto menos-, en la ignorancia. La ausencia de épica es síntoma de inexistencia de proyecto político y al no tener esa épica el dispositivo que intenta producir el ‘sentido común’ desde el Gobierno apela a lo que tiene a mano: el discurso antipolítica y el de la corrupción, aunque ahí viene ‘flojito de papeles’.
Y en el marco también de esa producción de sentido se encuentra la idea de sacar provecho de los miedos de la gente mezclando la preocupación por la inseguridad con esta cuestión que estamos tratando o vincular a los inmigrantes con el delito, mentir descaradamente como en campaña o utilizar la política del ensayo error para después manifestarse como el bizarro personaje de Capusotto, Juan Domingo Perdón -con un poquito de imaginación cuando lo vemos sabemos a quién se refiere en su imitación-, quien cuando ya el daño está hecho y con total impunidad y cinismo pide perdón. Tal como lo vimos en la retractación del feriado o en la carta de disculpas de Gómez Centurión.
Para terminar, da vergüenza ajena el silencio de los funcionarios que se dicen peronistas o radicales, o provenir de estas fuerzas políticas de raigambre popular y que, tanto desde lo institucional como desde lo personal, muchos de sus cuadros han sido víctimas de la dictadura y del terrorismo de Estado.
Está claro que este Gobierno tiene una forma bastante particular de manejarse y de en tender la democracia. No es la de quien esto escribe, ni la de millones de argentinos que culturalmente entendimos que no puede haber democracia sin memoria, verdad y justicia.