La pandemia y CFK, dos cepos para el primer año de Alberto

A un año de la asunción del gobierno del Frente de Todos, el kirchnerismo puro y duro le ha copado casi toda la escena al presidente Alberto Fernández. Con su protagonismo estelar y por circunstancias bien diferentes, los porteños y los jubilados han quedado también bajo su dedo disciplinador, en este caso por el poder de las mayorías circunstanciales del Congreso, cuya batuta ejerce de modo estridente también Cristina Fernández. No es que la vicepresidenta ningunee únicamente al Jefe del Estado, su especialidad, sino que utiliza con él la cepa más denigrante de su virus preferido: el puenteo en la toma de decisiones.

Lo cierto es que CFK hace y deshace, mientras que el Presidente tuvo que bancar en este año sobre sus espaldas la negociación con los acreedores privados y sobre todo el lastre que ha generado la mal manejada pandemia, con una terrible cifras de mortalidad por millón de habitantes y con un deterioro sin par de la economía. La vice se abre de estas responsabilidades y se las endilga al Fernández, pero no deja de reprocharle que sus causas judiciales van de mal en peor, como si fuera potestad del Ejecutivo su extinción.

En este punto, durante la semana pasada hubo un par de episodios que deben haberle pegado bastante fuerte a Cristina, tras el fallo de la Corte que no removió de inmediato a los dos camaristas a los que ella le había bajado el pulgar: a) la Cámara de Casación dio por válidos los testimonios de los arrepentidos en la causa "Cuadernos" y b) el Supremo avaló de modo unánime la opinión previa y mayoritaria de 16 jueces que encontraron a Amado Boudou culpable en el caso Ciccone.    

En cuanto en las cuestiones legislativas, en la primera de ellas el fogoso discurso de campaña que hizo Máximo Kirchner en la madrugada del martes último contra la supuesta opulencia de la Ciudad de Buenos Aires fue un mal remedo de todas las diatribas que Hugo Chávez utilizó en la década anterior para hacer que Caracas se arrodille. Más allá de los históricos tironeos del país federal contra el centralismo porteño y de la tirria personal de la madre del diputado contra los helechos y las baldosas brillantes de la ciudad en la que reside, el fondo del asunto es que, como en Venezuela, la consigna actual también parece ser disparar con munición ideológica gruesa contra los "ricos" habitantes de la Capital, con el fin de igualar para abajo.

Como después de la trabajosa media sanción, que el oficialismo consiguió con el voto de los cuatro diputados cordobeses, la ley tuvo que volver al Senado allí se registró otro episodio de tensión típico del kirchnerismo, provocado por conceptos bien descolgados del habitualmente cauto senador Jorge Taiana, quien comparó a la Ciudad con el agresor en un femicidio. No le faltó pasión ideológica al ex canciller, habida cuenta de que el poder hoy allí lo ejerce justamente la holgada mayoría que él integra. Hay de fondo otra cuestión central: a la hora del "espejito, espejito", Horacio Rodríguez Larreta mide mucho mejor a nivel país que cualquier otro político oficialista.

Lo cierto es que la Ciudad ha quedado en el ojo de la tormenta por obra y gracia de la política. Un miembro del Ejecutivo porteño le aseguró a El Cronista que "desde el poder central se le cuentan las costillas a la Ciudad para que se arrodille", según él porque "no se bancan todavía el Paseo del Bajo". El interlocutor abunda en datos sobre la cantidad de "invasores" que todos los días transitan por sus calles o viajan en el subte, sobre la atención plural en hospitales y sobre las vacantes escolares que se cubren con chicos de otros distritos, datos reales que la comparación lineal con los habitantes fijos no contempla: "Es injusto dividir todo por 3 millones" resume.

La fuente también señala que, pese a todo lo que se dice, la Coparticipación que recibe la Capital en relación al Producto que genera "está desfasada en casi 70%" y que hoy aporta "uno de cada cuatro pesos de la masa coparticipable (25%)". Mientras que el FdeT dice que los fondos del traspaso de la Policía del año 2016 han sido parte del financiamiento extra que Mauricio Macri le dio a la Ciudad por motivos electorales, en Juntos por el Cambio consideran no sólo que esta nueva poda es también inconstitucional, sino que quien debe brindar una opinión técnica sobre el monto que deben negociar la Ciudad y la Nación durante 60 días corridos (la Comisión Federal de Impuestos) no es imparcial ya que está integrada por representantes de las provincias que son parte del asunto, a la hora de cobrar lo que deje de percibir la CABA.

Por el lado de los jubilados, la cosa ha sido también 'manu militari' de parte de Cristina, quien aniquiló el proyecto que trabajosamente el Presidente y Sergio Massa habían sacado en Diputados para darle al ministro Martín Guzmán una herramienta que mostrar al FMI. En tren de diferenciarse y para dejar a otros pegados con el término "ajuste", no sólo la vice hizo cambiar la fórmula de cálculo desechando también la referencia a la inflación, sino que redujo los períodos de semestrales a trimestrales y, sobre todo, hizo borrar el artículo que decía que el 5% que se pagará en diciembre a los prestatarios de la seguridad social iba a ser descontado posteriormente. Lo más patético de la situación fue que, inmerso en la confusión que le provoca el poderoso rayo de Cristina, el propio Presidente dijo que eso era justamente lo que él quería, que es lo mismo que señalar que aquello que había enviado al Congreso estaba equivocado.

Estos enredos vuelven a poner sobre el tapete aquello que el FMI había dejado trascender sobre quién manda en la Argentina, una forma elegante de decir que este confuso tema puede dilatar toda negociación posible, porque una vicepresidente que cambia unilateralmente una fórmula que parecía para ellos razonable puede algún día desconocer todo lo que se logre acordar. No en vano han pedido ratificación legislativa de cualquier acuerdo. Con esta ofensiva cristinista, aquella duda que campeaba hace un tiempo ha vuelto a instalarse a la hora de verificar quién se va a animar a invertir en la Argentina con estos condicionantes políticos. El mensaje de Angela Merkel en la UIA fue contundente al respecto.

Sin embargo, la señal política que se viene dando para enmarcar el cumpleaños va en línea con la nota editorial del "Financial Times" que no sólo señala otra vez que el Presidente "no tiene plan", sino que apunta a la eventual pérdida del "afecto societatis" entre él y CFK, ya que dice que es miembro de una coalición "incómoda" e interpreta que hoy es parte de un "matrimonio político sin amor". A un año vista, parece que el tiempo de recoger el barrilete ya ha pasado para Alberto Fernández porque hoy el rollo de hilo lo tiene el Legislativo y es la muñeca de Cristina la que digita cuánto colea.

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