La otra brecha del dólar: de la paciencia de Alberto a la ansiedad del mercado

A ningún presidente o ministro de Economía le gusta hablar del valor del dólar. Es que en la Argentina se transformó en un indicador maldito, ya que hay más recursos ahorrados en moneda extranjera que en pesos. Por esa razón, el impacto político de lo que pase con la divisa es sustancialmente distinto y delicado. Si alguien lo sabe en carne propia es Alberto Fernández, que vio cómo su triunfo en las primarias de 2019 empujó 24% su cotización, de $ 46 a $ 57.

El ganador de las PASO dijo entonces que un dólar de $ 60 le parecía razonable. Hizo esta afirmación como una forma de detener la escalada post electoral, ya que le preocupaba que el BCRA llegara a fin de 2019 con u$s 11.000 millones de reservas netas. Fernández le había pedido a Mauricio Macri que deje de asociar su imagen con la de Venezuela, porque se esa manera asustaba al mercado y provocaba una profecía autocumplida en torno a la devaluación, que nadie deseaba.

En menos de dos semanas se cumplirá un año de la elección que consagró presidente a Fernández. Recién la semana pasada el Gobierno pudo enviar una señal precisa para desmarcarse -a su manera- del régimen de Nicolás Maduro. En los últimos doce meses la inflación aumentó 40% y el dólar oficial 35%. El rol de Cristina Kirchner en la gestión diaria es parte de la discusión pública, y el primer mandatario debió aclarar personalmente que no piensa hacer cambios en el gabinete.

Con todo este ese contexto, remarcar que el Gobierno todavía no consiguió alinear las expectativas económicas no es un disparate. La incertidumbre puede ser antojadiza a los ojos de la Casa Rosada, porque el nivel de desconfianza en algunos sectores es altísimo. Pero por lo pronto no es un invento.

Una brecha cambiaria superior a 100% es artificial. Nadie en el sector privado asume que el dólar comercial tiene que cotizar al valor del blue o de dólar MEO o CCL. Pero a la vez es real: precio es lo que está dispuesto a pagar alguien por un bien. Y el mercado informal solo tiene un camino por delante: el ascendente. Sin turistas que lo abastezcan y con menos ahorristas que revendan, su cotización es aleatoria.

Para el dilema de las reservas y el dólar oficial el propio Alberto Fernández reconoció ayer en una entrevista que falta algún factor ordenador, que en su visión podría ser el acuerdo con el FMI. Pero esas tratativas llevan tiempo.

El Gobierno pide paciencia. Asegura que liberar el dólar causará un salto devaluatorio que empujará la inflación y hará caer más la economía. Cecilia Todesca, la vicejefa de Gabinete, asegura que "todavía tenemos fuerza para sostener el mercado porque tenemos reservas". La brecha es parte central del problema, pero no se resolverá a corto plazo, aseguran desde el Ejecutivo. Los empresarios que deben sostener el empleo y la inversión son los que se preguntan si ese tiempo está disponible.

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