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La oportunidad de desplazar el uso de motores diesel

Suele decirse que la Argentina es pendular. La presencia de motores diesel para producir energía eléctrica justifica la afirmación.

En 1977 los 1.277 MW instalados de motores diesel representaban en Argentina casi el 17% de la capacidad de generación total de energía eléctrica. A medida que el parque generador se moderniza, los motores diesel perdieron participación a manos de otras centrales térmicas más competitivas, en especial las turbinas a gas, ciclos combinados y las centrales hidroeléctricas. Los motores diesel redujeron 10 veces su participación. En el comienzo del siglo actual solo quedaban 400 MW instalados, que representaban un 1,7% de la potencia del sistema.

En 2004 se revierte la tendencia y comienzan a instalarse nuevos equipos diesel. En menos de 10 años superamos la marca de 1977. En este año ya tenemos 95 equipos diesel, de una potencia media de 15 MW, que totalizan 1.834 MW representando el 5,4% de la potencia total instalada.

Estos equipos utilizan gasoil importado y Argentina importa grandes cantidades para producir energía eléctrica: pasamos de 70.000 m3 a 2.239.526 m3 de gasoil importado entre los años 2002 y 2015. Más de 1.500 millones de dólares ‘producidos’ en Argentina que se ‘exportan’ para pagar combustible producido en otros países para generar energía en nuestro país.

Por supuesto que los motores diesel no explican este gasto por sí solos. Pero sí representan una de las formas menos eficientes resolver nuestras necesidades energéticas. Producir energía con estos motores es muy caro. El costo, según el equipo, arranca en u$s 175 MWh y puede llegar 360 u$s MWh.

Para comparar: producir esa misma energía con gas natural cuesta entre un tercio y un quinto. Aún con el precio actualizado (u$s 5,2 MMBtu) las centrales a gas son capaces de producir energía a valores que van de u$s 55 a u$s 80 MWh. Además de ser muy costosos, estos motores diesel son mucho más contaminantes. Las renovables son más competitivas.

Por estas razones, los motores diesel sólo se utilizan cuando son estrictamente necesarios. El sistema eléctrico argentino está organizado para que primero funcionen los equipos más competitivos y menos contaminantes (las energías renovables tienen prioridad de despacho). A medida que la demanda eléctrica crece, se ponen en marcha los equipos más costosos. Los picos de la demanda eléctrica obligan al sistema a funcionar con energía muy cara. Y muy contaminante.

Es de esperar que el regreso a marcos regulatorios previsibles genere incentivos correctos para revertir la tendencia que marcan los últimos años. Se avanzó mucho en la incorporación de formas de producción de energía más eficientes. Pero queda mucho camino por recorrer. Del lado de la producción, se debe regular, y pronto, la energía distribuida aún en discusión parlamentaria. Del lado del consumo, establecer mecanismos inteligentes para fomentar la eficiencia en el consumo de energía, en especial en los picos de demanda.

En ambos casos, se deben dar las señales e incentivos para que los propios actores que pagan los costos (los generadores, los comercializadores, la demanda) puedan conocer sus alternativas y optar de modo inteligente, según reglas de mercado claras y estables.

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