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La negociación salarial arranca con ajustes por productividad y cláusula gatillo

JULIÁN DE DIEGO

JULIÁN DE DIEGO Profesor de Derecho del Trabajo y Director del Posgrado UCA

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La encrucijada entre productividad e inflación se mantiene vigente, y por ahora, a los sindicatos les preocupa no perder poder adquisitivo frente a la inflación del año 2017. El dilema lo planteó el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, al instalar la cláusula gatillo y la confianza en el Gobierno Nacional y en la imprescindible derrota de la inflación.

Ya quedó atrás la meta de inflación oficial entre el 12 y el 17%, y con los datos de abril ya tenemos una proyección anual de casi el 25%.

En un contexto donde se mantiene por más de seis años la estanflación, y donde la actividad económica sigue deprimida, y todavía no existen síntomas sustentables de reactivación, el modelo de relaciones laborales debe adecuarse a las circunstancias.

Unos pocos, los que promueven reclamos imprudentes o desafían al Gobierno Nacional le anexan la deuda del pasado y martirizan con un bono de fin de año para recuperar poder de compra.

Los moderados propician la cobertura de la inflación con acuerdos en torno del 20 al 23% con cláusula gatillo hacia fin de año o en dos tramos.

El gremio de mecánicos, Smata, cerró el acuerdo salarial para el segundo trimestre del año para los empleados de concesionarias de autos (ACARA) y la cámara de concesionarios de servicios del Automóvil Club acordaron una suba salarial por un 6,41%, que anualizada implicaría una mejora de 25,6%.

La Asociación Bancaria, en un contexto de fuerte resistencia y conflictividad logró por el puente de enero febrero y marzo en torno del 24%.

Los que tienen serias dificultades en la actividad están optando por cambios vinculados con la productividad, modificación de algunos rubros que tenían efectos muy negativos o que en la actualidad son de pago imposible, y están demorando la negociación de salarios para el segundo semestre.

Entre ellos tenemos la actividad petrolera que necesita reubicarse con estándares internacionales, y que ya suman dos acuerdos con sus respectivas adendas suscriptas con los sindicatos de Neuquén liderados por el senador Guillermo Pereyra y por Manuel Arévalo, y por los sindicatos de Chubut Jorge ‘Loma’ Ávila y José Dante LLudgar y por las cámaras empresarias de operadoras petroleras (CEPH) y de servicios especiales (CEOPE).

Otra dimensión tiene la reducción de la contribución patronal de ATILRA con la crisis de la industria láctea y de SanCor, que de $ 3000 pasó a $ 1500 y a $ 750 por cada trabajador con destino a la obra social, para empresas grandes y pequeñas respectivamente.

Otra de las actividades en proceso de reconversión es la marítima liderada por el Sindicato de Capitanes de Ultramar y que completan otros gremios que negocia con F.E.N.A. la federación que agrupa hoy las empresas de las distintas especialidades, que se encuentra en pleno Procedimiento de Reestructuración Productiva, conforme la Ley de Empleo (arts. 95 a 97).

Tres paradigmas que deberíamos recordar a las partes. La primera, que un aumento superior a lo razonable implica recortes en el empleo, tanto el existente como el futuro. La segunda, que cuanto más alta es la tasa de interés menor es la creación de empleo y menor es la inversión. La tercera, los que ganan son los que tienen trabajo y los que pierden son los desempleados y los ‘planeros’ o beneficiarios de planes sociales.

En las actuales circunstancias sigue siendo fundamental mantener firme el debate sobre productividad, a través de herramientas concretas como son: a) La transformación de adicionales fijos o anacrónicos, por sumas sujetas a resultado; b) El reemplazo de prestaciones ligadas a lapsos de inactividad, por mecanismos que premien el rendimiento, la calidad y la producción; c) La anulación de prestaciones anacrónicas o que conforman un lastre para mejorar la competitividad como el adicional por antigüedad; d) La creación de incentivos de aplicación efectiva contra el ausentismo, la falta de contracción al trabajo o la falta de colaboración, de naturaleza variable y por resultados concretos y verificables; y e) Introducción de sistemas que variabilicen la remuneración en el máximo porcentaje posible para reinstalar la meritocracia como sistema general.

En rigor, en el futuro próximo se avisora una caída de la inflación que sería sin dudas el contexto ideal para que todo el contenido de la negociación salarial colectiva esté ligado a la productividad.

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