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La jueza y el blanqueador

Rubén H. Malvitano Departamento de Impuestos de Aguirre Saravia & Gebhardt

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La jueza y el blanqueador

No hay que engañarse: quienes han blanqueado o están prontos a hacerlo no fundaron su decisión en la confianza que despierta el país; en realidad los ha corrido el espanto.

No obstante, ante la cruda realidad, el blanqueador trata denodadamente de aferrarse a señales, aunque sean mínimas que le permitan alcanzar un piso de tranquilidad de conciencia frente a la decisión tomada.

Pero no hay caso: en algún punto de su pensamiento se siente un observador de una incesante corriente de conflictos donde el objetivo no es otro que obtener y defender privilegios de cada facción enfrentada; en el centro de la escena, un Estado corriendo de aquí para allá para no perder gobernabilidad.

Lo prueban las noticias que, dando cuenta del muy buen resultado recaudatorio del blanqueo, al mismo tiempo informan que aquel fue aplicado a que el rojo fiscal no se hubiera disparado todavía más.

El menjunje de novedades periodísticas incluye también el caso de una jueza de la Corte Suprema de Justicia yendo contra la letra constitucional para mantener, otra vez, un privilegio adicional al de no pagar impuesto a las ganancias (situación que se replica en otros casos en que los privilegiados del caso pueden pagar menos que el resto –en particular que los trabajadores autónomos–, como empleados petroleros, choferes, docentes, etc.): mantenerse –y de paso permitirle lo mismo a otros–, en su sitial por muchos años más.

Y a una Justicia que, frente al planteo efectuado, ha puesto en tela de juicio la validez de ciertos aspectos del texto constitucional que teóricamente rige la vida de todos los argentinos. Lo que se traduce en un interrogante insólito: ¿cuál es la Constitución vigente?

Ojalá que las señales cambien, y que nuestro blanqueador tenga los necesarios fogonazos de lucidez que le permitan valorar lo hecho entendiendo de dónde venimos para que pronto no lo veamos a él, tanguero de alma, escribiendo sus dudas con tinta roja en un rincón de un viejo boliche añorando el color gris del ayer, ese que le permitía la ilusión de estar a cubierto aunque más no fuera parcialmente, de tener que pagar los costos de esta guerra fratricida a la que ni la letra de la Constitución parece detener.

El planteo de la jueza y el aval directo e indirecto por parte de la Justicia y del Poder Ejecutivo, son fuente de la corriente fría que recorre la espalda de nuestro blanqueador que observa, atónito, que la prometida seguridad institucional sigue cubierta de niebla.

De allí, que pida entonces cordura, paciencia y tenacidad de parte de todos aquellos con responsabilidades sobre sus hombros, para que logren elevarse por encima del fondo sensual de los privilegios infundados. ¿Será tan difícil entender lo evidente; esto es, que los privilegios irritan y generan desconfianza?

Predicar con el ejemplo es tarea de todos; incluso de los jueces, cuya función fundamental es la protección de los ciudadanos.