La innovación científica y su aporte a la salud y a la economía

Uno de los efectos de la pandemia es que ha puesto, tal vez como nunca antes, a la sociedad global frente al espejo para plantearse el desafío de resguardar y valorar la salud y la vida. Es falso el dilema de la salud vs la economía, sencillamente porque políticas públicas y el comportamiento social deben propender a la suma y a la articulación de los dos hemisferios en las fases que vayan planteando los especialistas a partir del avance del conocimiento día a día.

Los países y sus habitantes pasan por ciclos de etapas de confinamiento en tránsito hacia la nueva normalidad. Mientras tanto, el mundo se debate por encontrar el tratamiento más eficaz, en paralelo con la carrera por desarrollar vacunas, que seguramente se lograrán en tiempo récord.

Aquí -una vez más- la innovación, la ciencia y también el indispensable aporte económico en inversión de talento y desarrollo científico cumplen una función primordial. La industria farmacéutica lidera el esfuerzo de producir y suministrar los medicamentos que mejoran la vida diaria de las personas. Al mismo tiempo, el desarrollo de la propia actividad de los laboratorios biofarmacéuticos genera un valor económico per se, del que también se beneficia el conjunto de la economía de los países.

En Argentina, la industria biofarmacéutica constituye uno de los sectores más innovadores y productivos de la economía y, como tal, contribuye a generar valor agregado, empleo y conocimiento, además de aportar a la competitividad externa y a la recaudación de impuestos, tal como destaca un informe realizado por la Fundación Weber sobre el valor social del medicamento en nuestro país, que acaba de ser presentado.

Los números que revela el documento son elocuentes en sí mismos. También arroja luz sobre el valor que aportan los medicamentos, más allá de su fortaleza clínica. Existe un valor social que también debe ser cuantificado a partir de la optimización de los recursos sanitarios y en términos de mejora de productividad que conlleva el objetivo del ser humano de vivir durante más años y en mejores condiciones de salud.

Los laboratorios de innovación, asociados a CAEME son responsables del 27% de la inversión total en I+D privada de Argentina, constituyendo el sector número uno de inversión privada en investigación y desarrollo.

En tal condición, según reporta el documento de Weber, las empresas han invertido en investigación clínica a un ritmo de más de 276 millones de dólares anuales. Esta inversión le ha permitido liderar el desarrollo de medicamentos, a partir de ser los responsables del 98% de los protocolos de investigación clínica farmacológica que aprueba la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).

Para lograr este objetivo, las empresas poseen un elevado grado de calificación en sus recursos humanos y paridad de género: casi la mitad de los 11.300 empleados de las empresas farmacéuticas innovadoras tiene estudios universitarios y se dividen en partes iguales entre mujeres y varones, inclusive en cargos gerenciales y directivos. El informe Weber remarca que la cifra de empleo femenino en el área de I+D, en el que las mujeres ocupan el 71% de los empleos.

Estos son algunos aspectos en los que se expone la importancia del sector farmacéutico de innovación para la economía argentina, frente a un escenario global que busca respuestas eficientes y sustentables en materia de salud y economía. Es un sector que claramente realiza una vital contribución directa y que también tiene en su ADN la posibilidad concreta de brindar beneficios adicionales de manera indirecta e inducida a través de efectos multiplicadores sobre otras actividades.

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