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La industria espera el fin de la recesión y mira con expectativa el destino de Brasil

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HERNÁN DE GOÑI Director Periodístico

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La situación institucional de Brasil genera impactos de diverso calibre en la Argentina. La destitución de la presidenta Dilma Rousseff, consecuencia del proceso de juicio político llevado adelante por el Congreso, no altera en el corto plazo la relación con el gobierno argentino, ya que la administración de Mauricio Macri había sido una de las primeras en reconocer a su sucesor, Michel Temer, con quien tiene mayor afinidad política. Sin embargo, desde Buenos Aires se observa con inquietud tanto la reacción social que pueda generar en el pueblo brasileño el fin de ciclo del PT de Lula como factor de poder, como los reacomodamientos diplomáticos que puedan suceder en la región.

La preocupación de este lado de la frontera está dada por la forma en que este hecho impactará en la economía local. La industria tuvo en julio la peor caída desde el 2002, y no es un secreto que la recuperación varios sectores (como el automotriz y el metalmecánico), está atada a la recuperación del mercado interno del principal socio del Mercosur.

La proyección de los analistas brasileños para el 2017 anticipa una mejora del PBI de 1,1%. Los funcionarios de Temer llevan su optimismo a 1,6%. Si ese escenario se mantiene, sin duda contribuirá a facilitar el repunte de la actividad económica local. Pero en caso de que las aguas judiciales se vuelvan a agitar (hay que recordar que el sucesor de Dilma también es investigado por aportes irregulares a su campaña), puede alterar la percepción de los inversores sobre el riesgo político regional. En ese caso, lo único que debe hacer la Argentina es dar certidumbre sobre su rumbo para que las empresas que buscan oportunidades sepan dónde aterrizar.