La grieta que no es: el oficialismo clarifica roles para el año electoral

Si el Frente de Todos fuese una empresa, la voz de Cristina Kirchner representaría la opinión del principal accionista. No hay un ejemplo que transparente mejor las apariciones públicas de la Vicepresidenta, que ejerce sin pudor el derecho que tiene de juzgar tanto al CEO que tiene a cargo la gestión como a su directorio.

Alberto Fernández tiene el respaldo popular que le dio el voto, pero no tiene poder territorial. Esa es la principal diferencia que tiene con la jefa del kirchnerismo, y por eso durante 2020 hubo mucha discusión sobre cómo debía ser la relación entre ambos.

Pero buena parte de la discusión se originó en el estatus que le daban sus cargos formales. Que la titular del Senado reprobara decisiones del Poder Ejecutivo fue considerado inconveniente, como si su palabra menoscabara el margen de decisión del Presidente. Pero como líder de uno de los sectores dominantes de la coalición oficialista, el verdadero peso de su discurso pasa por otro lado.

Si en algún momento se instaló la percepción de que Alberto Fernández  podía alimentar una fracción propia dentro del FdT, esa chance desapareció con el avance de la pandemia. Al comienzo su imagen creció, pero a medida que la crisis económica la fue erosionando, quedó claro que ya no había tiempo de sostener esa posibilidad, inevitablemente atada a los buenos resultados de la gestión.

Las reciente palabras de Cristina Kirchner  marcaron el prólogo de un año electoral, tanto por la actitud como por el contenido. La Vicepresidenta, en el rol de accionista principal del Frente de Todos, expresó cuáles son los objetivos que debe resguardar el Gobierno para poder revalidar su poder en las urnas. Y cargó una vez más contra los responsables de que los resultados sucedan, con un nuevo giro de su recordada frase "hay funcionarios que no funcionan".

Todas estas señales tienen un efecto económico, como es de esperar. Inversores y empresarios pueden evaluar este contexto como una muestra más de la grieta interna, en la que cabe esperar nuevas tensiones, o como una clarificación de roles.

Hoy los hechos están más cerca de lo segundo. Y si hay discusión es porque hay diferencias de contenido, de forma o de estilo. O de prioridades. Pero cada vez se duda menos de que el camino que siga el Gobierno no estará muy lejos del que marque la Vicepresidenta. El cambio en la fórmula para ajustar las jubilaciones es un ejemplo transparente en ese sentido.

Alinear tarifas, precios y salarios (hay que agregar el dólar) es una frase que subrayó Cristina pero que también dijo más de una vez Alberto Fernández. En el objetivo no hay sorpresas. Ahora hay que ver de qué manera se ejecuta. La creación del Consejo Económico y Social sigue siendo una promesa. 

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