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La felicidad

El 3 de febrero además de ser la fecha en la que los argentinos celebramos el aniversario del Combate de San Lorenzo, muchos también conmemoramos el aniversario de la desaparición física de Guillermo Estévez Boero. No han sido pocos los videos que han circulado ese día por las redes sociales recordando su voz y su figura. A mí, particularmente, me llamó la atención uno en el que, cerrando un acto partidario, expresaba: "No queremos ser el pueblo más rico del mundo, queremos ser el pueblo más feliz del mundo". Esto dicho hace mucho más de veinte años es uno de los tantos anhelos que vislumbraba Estévez Boero en lo que era su visión general del país y del futuro.
Hoy, la felicidad forma parte de muchos programas políticos como fin último para alcanzar una vida mejor. Sin ir más lejos, en Ecuador, su Gobierno puso en marcha hace unos pocos años ‘El Plan Nacional para el Buen Vivir’ y si nos queremos ir lejos, encontramos a Canadá, Suecia y Australia como algunos de los países en los que sus ciudadanos marcan un mayor grado de felicidad. No se trata de autoayuda: estoy hablando de política.
Los datos de los tres países mencionados surgen del estudio anual que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en el que analiza y mide el índice de una vida mejor en los diferentes países que la integran. También están, entre muchos más, Chile y Brasil. De Chile, por ejemplo, el informe afirma: "En general, los chilenos están más satisfechos con su vida que el promedio de la OCDE. Al pedírseles que calificaran su satisfacción general ante la vida en una escala de 0 a 10, los chilenos le otorgaron una calificación de 6.7, ligeramente más alta que el promedio de la OCDE de 6.6".
Nosotros no sabemos nada al respecto porque no participamos de esta organización fundada en 1961 y que define así su misión: "promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo".
Podemos, sí, afirmar sin temor a equivocarnos que estamos muy lejos no ya de alcanzar la meta que se fijaba Estévez Boero; estamos a una distancia sideral de compararnos con un país que se preocupe mínimamente por la calidad de vida de sus ciudadanos.
Los argentinos salimos de un período en el que se pontificaba con los símbolos y se excluía con los hechos. Corrupción violencia y narcotráfico se hizo cotidiano.
¿Con qué nos encontramos hoy en Argentina? Con el Congreso cerrado sin debates, con aumento injustificados de precios, y un clima donde no se pondera el cuidado de cada puesto de trabajo. La erosión del salario por inflación y el ajuste de las tarifas sin ningún lugar a dudas llevará a escenarios críticos a vastos sectores populares.
Políticas neoliberales de destrucción masiva de la industria nacional, el trabajo y la paz social las conocemos bien en Argentina. No conducen a la felicidad de las mayorías populares.
En el mismo discurso en el que Estévez Boero clamaba por un pueblo feliz, anhelaba recorrer "un país de paz, de estabilidad y de serenidad". Estaremos atentos y vigilantes para no repetir viejos caminos a la infelicidad.