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La falta de percepción de ganancia mutua duerme acuerdos con Brasil (y con la UE)

HORACIO CEPEDA Economista especializado en política industrial

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La próxima reunión entre los presidentes de Argentina y Brasil, según han trasmitido las autoridades de ambos países, ha fijado una agenda que, no por repetida, no deja de ser un nuevo intento para darle contenido al Mercosur y tratar de activar una relación que se ha ido aletargando, con el paso del tiempo.

La agenda de temas detallados en el encuentro preparatorio reitera cuestiones que se vienen tratando en el Mercosur y particularmente entre Argentina y Brasil desde hace muchos años, sin que se hayan logrado resultados satisfactorios. La pregunta de sentido común que deberíamos hacernos es: ¿por qué ahora sí?

En primer lugar, debería señalarse que para el gobierno argentino esta reunión ocurre pasado un año de la asunción de Mauricio Macri y seis meses después de la asunción de Michel Temer. Claramente se puede entender que una relación declarada como prioritaria estuvo rodeada de un ambiente poco propicio para su desarrollo: la inestabilidad política y la recesión económica en Brasil y la caída de la actividad argentina; los problemas de competitividad que tienen nuestros sectores productivos; el cambio de ‘régimen económico’ argentino. Razones de la demora.

Más allá del optimismo reflejada luego de la reunión preparatoria - "en estos dos días avanzamos más que en los últimos 20 años, durante los cuales la agenda del Mercosur y los temas de la relación con Brasil no cambian"-, la pregunta que deberíamos hacernos es por qué no cambian y si éste es el mejor momento para cambiar.

La práctica de cualquier transacción, incluyendo las políticas, es que, en una situación de libertad de elección, si no hay percepción de ganancia en una negociación, el acuerdo no se hace. Y la falta de acuerdo, aún en puntos sencillos, es atribuible a que no hubo percepción de ganancias por parte de ambos países y de los restantes del Mercosur. En esta descripción no pueden obviarse las diferentes visiones sobre el propio desarrollo, las agendas nacionales, mercados internos achicándose, problemas de competitividad, etcétera. Es el combo perfecto para que nada pase.

Contrario sensu, ¿por qué el único acuerdo bilateral que se renegocia y se renueva es el automotriz? Simplemente porque hay interés en hacerlo: hay mucho comercio e inversiones dependientes de él y el sector privado lo impulsa en ambos países.

¿Porque llevamos tanto tiempo con pocos avances en lo económico? Porque se afectan intereses particulares importantes, porque no se logró coordinar una agenda conjunta de desarrollo que preserve los equilibrios al interior del bloque, porque el comercio bilateral pesa poco y porque la especialización de los últimos años nos empuja a vincularnos con el afuera y no con el adentro del Mercosur. Basta sólo mirar como cayó la importancia del comercio intra-mercosur para todos los países del bloque.

Por eso resulta llamativo que uno de los temas que se impulsan con más énfasis desde ambos países es la negociación de acuerdos comerciales con otros estados y particularmente el Acuerdo con la UE. Independientemente de que se puede dudar sobre el verdadero interés de la UE, en este momento, de firmar un acuerdo con el Mercosur que sea equilibrado (es decir que dé el mismo acceso a los mercados agrícolas que pretende para los mercados industriales del Mercosur), claramente la oferta exportadora de la región no tenderá a la integración regional sino a la integración a las cadenas globales de valor y por lo tanto a profundizar el modelo de especialización orientado a la provisión de materias primas o productos industriales basados en recursos naturales.

No hay que perder de vista que las limitaciones al acceso a los mercados de la UE no provienen de los aranceles (salvo en el caso de productos agropecuarios y alimentos procesados, sectores que la UE no quiere negociar) sino de las normas técnicas y de las propias limitaciones de oferta de la región. Por otra parte, las inversiones, que se espera que sean un resultado importante del acuerdo, dependen del capítulo de inversiones del potencial acuerdo y no de la parte comercial.

No hay que perder de vista que las inversiones, sean europeas o de cualquier otro origen, se orientan a la rentabilidad que se obtenga en un mer cado y no necesariamente son consecuencia de los acuerdos existentes entre países (a excepción de los de doble tributación y protección recíproca de inversiones que ayudan al país inversor).

Es bueno mantener el optimismo, pero lograr acuerdos que preserven los intereses nacionales y el modelo de desarrollo pensado para el país y la región requieren de expectativas realistas, ya que al exceso de optimismo le sigue la sensación de frustración si no se logra algo, que en realidad resulta difícil de lograr. Teniendo en cuenta los tiempos que corren.