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La extraordinaria normalidad de lo normal

La extraordinaria normalidad de lo normal

Transcurridos los primeros días de la nueva gestión encabezada por Mauricio Macri es posible identificar algunas aristas de su gobierno.
Si se tienen en cuenta las primeras medidas -anunciadas durante la campaña electoral-y sumadas a una serie de acciones concretas tendientes a recuperar el diálogo, el nuevo gobierno de Macri se sitúa en las antípodas de su antecesor.
Más allá de los posibles desacuerdos respecto de las políticas impulsadas, con lo que nadie puede dejar de acordar es con la propuesta al diálogo abierto a fin de lograr avanzar sobre un objetivo común.
Ya, en el mismo día de la asunción, Macri anunció que se reuniría con los ex candidatos a la presidencia y, con la excepción de Del Caño, quien argumentó que no se juntaría con el mandatario electo -días antes de haber aportado al quórum para la aprobación de las últimas medidas de la administración Kirchner- hizo efectiva su decisión.
¿Quién hubiera pensado unas semanas atrás que el Presidente se reuniría con los opositores en la Casa Rosada? ¿Quién hubiera pensado, unas semanas atrás, que los opositores hubieran accedido al diálogo?
Tal como se ven las cosas, puede afirmarse que el 10 de diciembre cambió algo más que un gobierno. Pues, se están articulando nuevas formas de relación entre los dirigentes. Sin dudas que la gestión Macri tomará medidas que no satisfagan a todos. Seguramente habrá políticas que criticaremos, y la primera de ellas es la designación de jueces en la Corte a través de un Decreto. La interpretación de la Constitución al límite, aprovechándose de una redacción difusa y apelando a una potestad que no se utilizó en 160 años de historia expone que en su gobierno, Macri está dispuesto a jugar fuerte. Sin embargo, y ante la falta de respaldo político que tuvo la medida, no podrá apelar a este tipo de acciones durante todo su mandato y deberá recuperar su pulso inicial basado en el diálogo.
El gobierno de Macri dio un paso en falso con la forma en como designó los jueces para la Corte Suprema; el tiempo demostrará si fue tan sólo un mal método o si además de un mal método tiene una mala finalidad.
Difícil es imaginar que juristas de la talla de los designados se presten a ser parte de un control externo de la justicia para garantizar fallos en favor del gobierno, pero la forma de instrumentación echa sombra sobre el fondo.
Es fundamental entonces recuperar el imaginario colectivo de los primeros días de gobierno, donde flotaba en el aire un nuevo estilo de ‘hacer política’. Si durante la última década predominó un estilo populista de liderazgo, en este caso se avizora un estilo de liderazgo dialógico. Un liderazgo que -por la forma en que se eligen los legisladores en nuestro país y por la fuerza electoral de la coalición gobernante-requiere el establecimiento de acuerdos que garanticen la consecución de propuestas de gobierno.
Más allá del evidente oportunismo político del gobernador Urtubey al afirmar que en los anteriores ocho años no había habido una reunión de ese estilo, hay que reconocer que el propio Frente para la Victoria intenta corregir el desatino de muchos de sus legisladores que no participaron de la jura presidencial. Y el propio Gobernador de Salta pidió a los legisladores de su provincia que no siguieran la musiquita de la flautista llevándolos al acantilado.
Afortunadamente esto no es Hamelin sino Argentina, y en la vorágine en que vivimos quedó allá lejos la asunción presidencial.
Y no es que el paso del tiempo se haya hecho vertiginoso por la sucesión de hechos acontecidos en el transcurso de la semana, sino por la extraordinaria normalidad de lo normal.
Cierto es que hubo en estos días importantes anuncios que generaron cambios drásticos en las políticas de gobierno, incluso algunos de ellos con giros de 180 grados respecto a las políticas que se venían aplicando en el país en los últimos años. No obstante, el cambio ya observable está a nivel de las relaciones interpersonales.
Se podrá acordar o no con la eliminación de las retenciones al campo, se podrá acordar o no con la conformación del gabinete, pero nadie podrá objetar sobre la importancia de las reuniones llevadas a cabo, e integradas con los veintitrés gobernadores de las provincias argentinas, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Presidente.
Según los hechos, se abre una nueva época. Se establecen nuevas reglas de relación que dejan atrás la lógica smithiana de amigo enemigo para ser reemplazada por una lógica de adversarios, con coincidencias y diferencias, con acuerdos y desacuerdos.
Si esto es así, lo extraordinario ha depositado su confianza en lo normal. La normalidad de la previsión. La normalidad del diálogo. La normalidad del desacuerdo que promete espacios para discutir.
Por ello es que, debemos avanzar para reemplazar el acontecimiento extraordinario por la novedad de lo normal, en donde a cada tesis pueda seguir una antítesis, pero luego, su síntesis.

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