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La energía, factor clave para la competitividad

DANTE SICA Director de Abeceb y ex secretario de Industria y Comercio

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La energía, factor clave para la competitividad

Tras un año de transición, Argentina enfrenta el desafío de volver a crecer y de hacerlo de forma sostenible. Para que esto sea posible, es necesario virar desde el modelo basado en consumo hacia uno impulsado por la inversión y las exportaciones en el que la principal fuente de crecimiento sea el aumento de la productividad. Para lograrlo, el Estado no sólo debe asegurar una macroeconomía estable, sino que, a su vez, tendrá que trabajar en la elaboración de regulaciones adecuadas y distintas políticas transversales como la inversión en infraestructura o el desarrollo del mercado financiero local.

En este sentido, la política energética, y en particular, la eléctrica, cumple un doble rol estratégico. Primero, porque se trata de uno de los sectores que podrían atraer mayores inversiones en los próximos años, convirtiéndose en dinamizador de la economía.

Segundo, porque estas inversiones permitirán a su vez reducir el costo de generación, incrementando la competitividad de otros sectores y ayudando a la estabilización económica a través de una menor presión de los subsidios sobre las cuentas fiscales. Pero así como es uno de los más relevantes, el sector eléctrico es también uno de los que requieren mayores correcciones desde el punto de vista normativo.

En la actualidad, las generadoras eléctricas enfrentan un contexto adverso en el cual están obligadas a vender la totalidad de su producción a un único comprador (CAMMESA) a precios fijados por el gobierno nacional. Esto derivó en que, ante precios mayoristas similares, la tarifa para un usuario residencial promedio en Argentina sea 60% inferior a la de Brasil o Colombia y hasta 70% menor a la de Chile.

Entre 1992 y 2001, el precio de la energía eléctrica fue definido mediante un mecanismo de mercado determinado por la Ley 24.065.

En ese período, la potencia instalada se incrementó a una tasa anual del 5,4% y la inversión se concentró en centrales de ciclo combinado e hidráulicas, dos de las fuentes más eficientes.
Así, el costo para los usuarios se redujo a la mitad.

En cambio, a partir de 2002, los precios de la energía eléctrica han estado sujetos a decisiones discrecionales de los reguladores. Como resultado, hasta 2007 la inversión fue prácticamente nula, lo que llevó a una crisis eléctrica cuando la demanda superó la capacidad de generación y provocó interrupciones masivas del suministro.

Desde ese año, con una mayor participación estatal, la potencia eléctrica volvió a crecer pero esto no generó una reducción de costos, al contrario y si bien, la mayor parte del aumento no fue trasladado a consumidores, debió ser abonado por el Estado.

Atraer inversión en este sector resultará indispensable para impulsar el crecimiento. Para ello, resulta fundamental contar con un mecanismo de formación de precios que permita transferir los riesgos de la inversión al sector privado como sucede a nivel mundial.

Es indispensable que se determine un mecanismo claro de formación de precios, que es una condición sustancial para atraer inversiones. Esto beneficiará a la sociedad con un abastecimiento confiable, precios menores y sobre todo, una fuente de energía eficiente que permitirá una mejor competitividad a la economía argentina.