PUNTO DE VISTA

La economía y la fantasía del abrelatas

En todo ámbito y momento, las ideas de mercado y competitividad están siempre presentes. Según el profesor de la Universidad de Harvard, Gregory Mankiw, ambas nociones adquieren relevancia con "muchos compradores y muchos vendedores y cada uno ejerce una influencia insignificante en el precio de mercado (Mankiw, 1998)". Bajo estos lineamientos, ese mecanismo de relojería evitaría la generación de ganancias extraordinarias, pobreza y deterioros de la distribución del ingreso.

En cambio, los profesores de Berkeley, George Akerlof, y de Yale, Robert Shille afirman que "las empresas de gran tamaño pueden impedir que los mercados sean plenamente competitivos (Akerlof, G y Shiller, R. 2016)" por lo que, como indica otro profesor laureado en Estocolmo, Jean Tirole, "el mercado no tiene razón para distribuir ingresos conforme a lo que sería deseable para la sociedad (Tirole, 2016)". En otras palabras, abordar procesos de liberalización de mercado para captar elementos de competitividad presupone construir andamiajes sociales de toda índole.

Nadie duda en que lo deseable es la definición de Mankiw pero la realidad es que las anomalías descriptas por Akerlof y Shiller y la confirmación de Tirole, todo el tiempo interactúan y se dirimen mediante confusos episodios de persuasión. La política económica disciplina con una praxis que, constantemente, está al margen de lo indeseable. Lo ineludible de estos hechos, por lo tanto, debe ser incorporado al discurso cuando estos temas se tratan.

Por ejemplo, tendría que indicarse que la estabilidad de las monedas en un proceso de flotación pura sería viable sólo si hubiese injerencias de efectos endógenos estables (sistemas poco conflictivos), conformaciones políticas "amigables" y neutralidad de las tasas de interés, la actividad económica, las estrategias de los fondos y bancos de inversión del mundo. Siguiendo a Mankiw, para que el mercado sea un lugar apacible para los que "no tienen voz, ni voto", nadie debería tener una capacidad dominante en la oferta y la demanda de divisas. Pero, como todo ello dista de ser real, no sólo el precio relativo de las monedas estará bajo constante presión sino también las tasas de interés internas, el mercado de créditos, la actividad económica, el empleo y la inflación si por cualquier motivo cambia "el humor de los jugadores dominantes".

Hace aproximadamente un año, la Argentina atravesaba una gloriosa primavera en materia de flotación cambiaria. La concepción liberal de la teoría económica se enorgullecía porque creía haber superado "40 años de caminata por el desierto". En breve, decían, se superarían los eternos inconvenientes para conseguir dólares y eludirían las sofocantes crisis de sector externo. Ese pensamiento económico, recomendaba dejar flotar para que sólo el nivel del tipo de cambio distribuyera dólares según la disposición de pagos de los compradores. Sin embargo, en ocho meses de 2018, principalmente por los sobresaltos de abril y agosto, el precio de la divisa saltó desde $ 18 a $ 42, la tasa de interés de referencia pasó de alrededor de 27% a 74% anual, la inflación esperada se incrementó de 20% al 45% actual y la recesión no sólo se apoderó de 2018 sino también de buena parte de 2019.

Hoy por hoy, algunos siguen convencidos en que esta teoría y política económica hizo un fenomenal "trabajo sucio planeado". Por otro lado, continúan soslayando la injerencia dominante de los fondos, los bancos de inversión y las empresas de escala importante y sólo hablan de medidas que se tomaron mal y/o con escaso timing. Asimismo, continúan recomendando profundizar el ajuste, confiar en las bondades ideales del mercado competitivo y retirar definitivamente de la escena al Estado sin contemplar en lo más mínimo hacer funcionar y mejorar los procesos existentes. Otros intentan hacer ver que la solución vendrá sólo por la vía del mantenimiento de un tipo de cambio alto capaz de reducir el déficit comercial (especialmente con Brasil y China), bajar tasas de interés por este canal y amortiguar o morigerar la caída de la industria sin internalizar que el 70% de las respuestas de los industriales exportadores afirman que se mantendrán expectantes o reducirán su negocio en los próximos meses.

Para salir de la "autovía del pasado", se deberán comprender experiencias, interpretar contextos, conocer la efectividad de las herramientas con las que se cuenta y comprender las alertas surgidas del "mundo académico no convencional". Desde la década del setenta del Siglo XIX, la economía ha sido cuestionada por aceptar a ultranza las ciencias formales para captar la realidad. Desde lo satírico, continúa vigente aquel chiste que relata el debate entre el ingeniero, el físico y el economista que tratan de abrir una lata sin los elementos necesarios en la isla desierta. ¿Qué proponía el economista? Suponer la existencia del abrelatas (¡y listo!). Quizás ese siga siendo el problema: suponer plausible lo ideal e imponer "persuasión" para lo real.

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