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La economía argentina derrapa, en el último tramo del ciclo

La economía argentina derrapa, en el último tramo del ciclo

Kirchnerista, sobre un sendero delicado y peligroso caracterizado por la conjunción de dos fenómenos que todos queríamos evitar: la Inflación y la Inactividad.
Una vez más en la historia de nuestro país, esta economía ‘In-In’ será la característica principal en esta etapa de transición que viviremos entre dos modelos económicos diferentes: el ‘Modelo productivo de matriz diversificada’ (Kirchnerista) y el nuevo que dará lugar tras las elecciones de octubre 2015.
El problema inflacionario no es nuevo y ha sido un viejo y conocido aliado del modelo ya desde sus orígenes en el 2007, acumulando más de
300% real en 7 años. Con la reforma de la Carta Orgánica del BCRA, tasas de interés reales negativas en todo el periodo, emisión descontrolada al servicio del déficit fiscal, incremento de la base monetaria y fuerte atraso cambiario, el gobierno resignó estabilidad monetaria y cambiaria en todo este periodo, a cambio de sostener el ritmo de crecimiento de la demanda agregada, a través del consumo y del gasto público principalmente.
Tras los numerosos reclamos por parte de toda la sociedad de poner fin a este proceso inflacionario, el gobierno finalmente tomó nota de lo perjudicial del mismo, dando un giro notable en octubre 2013 al cederle toda la responsabilidad a Juan Carlos Fábrega, flamante titular del BCRA. A partir de entonces la política monetaria cambio de rumbo: la devaluación tipo gradual se cambió por una devaluación de a saltos (de shock) de modo de cortar con la especulación cambiaria de importadores y exportadores. Se decidió por primera vez elevar las tasas de interés en pos de enfriar el mercado de cambios y cortar con la bicicleta financiera. Por último, también se decidió contraer notablemente la base monetaria en los primeros meses del año, secando la plaza de pesos, y descomprimiendo así las presiones cambiarias e inflacionarias.
A pesar de la ausencia de comunicados, y con la confección de la nueva serie de inflación del INDEC (IPCnu), todo pareciera indicar que finalmente, y a través de un clásico ajuste ortodoxo, el equipo económico decidió hacer frente al problema de incremento de precios. No obstante, y a pesar de todo el paquete de medidas, la presión inflacionaria sigue en valores muy elevados y peor aún, las expectativas de los agentes no bajan del 35%. ¿Qué es lo que falló? La convergencia de expectativas de todos los agentes económicos hacia un objetivo inflacionario común, producto de la no comunicación de dicho plan y objetivo por parte de los hacedores de política económica.
En materia de actividad tampoco hay buenas noticias. Los Índices de Producción Industrial elaborados por FIEL, arrojaron caídas muy preocupantes de 2,6 % en la comparación interanual del primer trimestre 2014. El INDEC dio a conocer su pobre cifra de crecimiento de 1,3 % en febrero esperando un marzo con valor negativo también. El consumo privado, por su parte está mostrando una fuerte y alarmante contracción en los primeros del año, y la inversión sigue sin aparecer.
El FMI, por su parte, también revisó a la baja sus pronósticos de crecimiento para el país a 0,5% para este año, al igual que lo hizo para muchos de los países de la región. Para Brasil puntualmente, nuestro principal socio comercial, también rebajaron la proyección por debajo del 2% (1,8% para ser precisos). En el frente externo también se vive un cambio de ciclo y los nuevos paradigmas económicos globales que se avecinan no son los más alentadores: precios de commodities a la baja, caída de términos de intercambio, tasas de interés al alza, flujos de capitales moviéndose hacia economías avanzadas y menor crecimiento de economías emergentes.
A pesar de todos los esfuerzos de la política fiscal expansiva en mantener el nivel de crecimiento, el giro hacia una política monetaria contractiva, en el intento por controlar la inflación, termina jugando en contra en una economía que ya no crece, no genera empleo y arrastra diversos desequilibrios macroeconómicos.
Si fracasamos en el intento de corregir el alza de precios, nos encontraremos en el peor escenario que todos podíamos esperar: inactividad e inflación. Será clave para evitar esta situación una eficaz articulación y coordinación de toda la política económica, fiscal y monetaria, y una correcta comunicación de la misma para trabajar también sobre las expectativas de todos los actores económicos. Solo así lograremos sortear los desafíos en esta transición para llegar de la mejor manera a la nueva economía que se avecina.