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La des-Unión Europea y los nuevos populismos

ALFONSO C. ENSINCK Economista, ex ministro de Hacienda de Santa Fe

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El resultado del referendo en Italia del pasado 4, ha impactado en este país, socio fundador de los procesos de integración en Europa y ha generado una ola expansiva que altera al resto del continente. El rechazo a la propuesta de modificación de las atribuciones del Senado y el fortalecimiento de las del Poder Ejecutivo, fue una excusa para exhibir un fenómeno creciente: el rechazo al stablishment político y a la burocracia de la Unión Europea.

Los analistas políticos se refieren a este fenómeno que está creciendo rápidamente como ‘populismo’. Los elementos centrales lo definen son: la reivindicación de las identidades nacionales, la desconfianza y el temor a los inmigrantes, el deterioro en la valoración del stablisment político y marcado rechazo a lo que denominan ‘la burocracia de Bruselas’. En una reciente encuesta realizada en 12 países europeos por la consultora YouGov, estimó que un 63% de los franceses se oponen a recibir inmigrantes, en tanto que en Polonia y Rumania estos porcentajes se elevan al 78 y 82%, respectivamente.

La crisis de refugiados en el 2015 estimuló estas posiciones. Con millones de migrantes, predominantemente musulmanes, -algo más de un millón en Alemania- la sostenibilidad del Acuerdo de Schengen sobre el libre tránsito en entre algunos países de la Unión, ha entrado en crisis. Alemania, Austria, Francia, Suecia y Dinamarca han impuesto medidas de identificación personal en sus fronteras. Muchos europeos se encuentran fuertemente influidos por lo que perciben como una amenaza inminente a sus orígenes étnicos, religión y cultura, aspectos que consideran fundamentales para sus identidades nacionales. Este riesgo lo asocian a los inmigrantes, especialmente los de Oriente Medio y Africa.

Otro aspecto importante es el escepticismo que provoca una sociedad de naciones minadas por medidas de austeridad, desbalances económicos, desempleo - fundamentalmente en la población joven - y corrupción. La crisis económica del 2008, no definitivamente superada, alimentó la desconfianza en pertenecer a una europa grande y poderosa y comenzó a instalar el denominado euro-excepticismo. Otro componente central es el creciente convencimiento que las tradicionales corrientes políticas no solo no representan los intereses de los ciudadanos medios, sino que, deliberadamente, los ignoran. Antonio Barroso, analista político radicado en Londres se refiere a ellos como ‘los perdedores de la globalización’ y los identifica como blancos, de bajo nivel educativo y temerosos de la pérdida de su identidad nacional. Simon Wells, economista del HSBC sostiene que existe un riesgo de que el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos vigorice las corrientes anti inmigratorias que mantienen las expresiones políticas populistas en el continente.

Otro aspecto es la participación de partidos de derecha en un conjunto de países del norte y centro de Europa, como Finlandia, Hungría, Latvia, Lituania, Noruega y Suiza y el crecimiento que han tenido en otros, como la UKIP en Gran Bretaña, el Frente Nacional en Francia y Alternativa para Alemania, en Alemania. Estos cambios afectan a la globalización como sistema dominante. ¿Cómo serán los próximos equilibrios?