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La demanda global obliga a afinar la puntería comercial y productiva

Cuando los habitantes de la mayoría de los centros urbanos juzga la marcha de la economía doméstica, uno de los datos que más miran es la evolución del empleo industrial. Todavía existe la creencia de que la producción fabril ocupa numerosa mano de obra, y por eso las personas suelen darle más valor a la inversión en una fábrica o en una planta de procesamiento de algún tipo de bienes que en una empresa de servicios. Esta visión se corresponde también con estructuras de representación social y política: los gremios ligados a alguna actividad productiva son los que tienen mayor peso específico (con excepción de los que actúan en el sector del transporte o los servicios públicos) y por lo tanto miran la política económica con la misma óptica de quienes viven en una ciudad.

La Argentina, sin embargo, es un país que obtiene muchos más recursos del agro que de la industria. Muchas décadas de apostar a una buena cosecha, sin embargo, degradaron ese reconocimiento. El anterior gobierno hasta se lanzó a una pelea frontal con los productores rurales, y denostó la producción de soja como si fuera una plaga, sin reconocer que las retenciones a la oleaginosa le dieron oxígeno a años de un gasto público creciente.

Según un informe de la consultora DNI, en 2016, casi 70% de las ventas externas fueron generadas por el agro. El Mercosur y la UE representaron 35% de nuestras exportaciones, contra 26% de Asia–Pacífico, y 10% para el Magreb, Egipto y Medio Oriente. Al dato obvio de que el segundo comprador es China, sobresalen Vietnam en el cuarto, India en el quinto e Indonesia en el octavo. No muy lejos, Egipto es el séptimo y Argelia el 11º.
La matriz productiva argentina necesita ser diversificada. Y nuestros mercados también. Brasil, la UE y Chile tendrán crecimientos magros. Reconocer este contexto permitirá afinar políticas y estrategias comerciales. No se trata de desconocer el enorme peso de la industria, sino de vincularla mejor a la demanda mundial de bienes agrícolas y alimentos.