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La década consumida

La década consumida

El INDEC acaba de difundir la revisión de las Cuentas Nacionales correspondientes al período 2004-2015. Uno de los resultados más llamativos que emerge de estas nuevas planillas es el notable aumento del ratio Consumo/PBI verificado en la última década. El Consumo (Privado más Público) pasó de representar 75,4% del PBI en 2004 a 85,5% en 2015. Semejante ascenso es la contracara de varias tendencias económicas, políticas y sociales distintivas de la era kirchnerista. Por caso:
- La baja Inversión y la consecuente descapitalización que sufrió la economía nacional;
- El deterioro de la salud fiscal (consecuencia directa del aumento excesivo del Consumo Público);
- El retorno de la restricción externa, como derivación del fuerte ritmo de aumento de la demanda interna (que la oferta doméstica no pudo acompañar) y de las dificultades para conseguir financiamiento externo por la persistencia del default;
- El cuantioso capital político que supo acumular el kirchnerismo hasta que el modelo de fomento sistemático al Consumo, exhausto, agotó su capacidad expansiva.
Más allá de lo que el fuerte aumento del ratio Consumo/PBI nos transmita acerca de la "decada ganada" (¿o debiéramos llamarla "la década consumida"?), esta tendencia plantea además implicancias inquietantes de cara al futuro. Concretamente, debemos tomar conciencia que una participación tan alta del Consumo en el ingreso nacional es incompatible con la aspiración de retornar a un sendero de ágil crecimiento económico. Para volver a crecer, el Consumo (tanto privado como público) tendrá que cederle espacio a la Inversión y a las Exportaciones; o, dicho de manera más directa, el ratio Consumo/PBI tendrá que caer.
Es probable que una parte de la corrección de este ratio se concrete en este 2016 recesivo, en el que el Consumo se contraerá bastante más que el PBI. Pero el ajuste seguramente deba extenderse en años venideros, en los que el ritmo de expansión del PBI superará al del Consumo. El reconocimiento de esta necesidad plantea algunas conclusiones preocupantes para la gestión macrista. En concreto: aún cuando la economía recupere dinamismo a partir del año entrante, difícilmente los hogares perciban una mejora sustancial de su bienestar. O, puesto en otros términos: será necesario un ritmo de crecimiento económico improbablemente elevado para que se verifique el ajuste del ratio Consumo/ PBI y, además, los hogares también se reconozcan como beneficiarios plenos del regreso a una fase expansiva.
En definitiva, lo que estamos planteando es que, con un esquema en el que necesariamente Inversión y Exportaciones deben recuperar presencia en detrimento del Consumo, difícilmente la economía pueda convertirse en una fuente potente de capital político pa ra la gestión macrista. Esta es una consideración que en la coalición gobernante debieran tener en cuenta tanto al evaluar sus perspectivas electorales, como a la hora de construir el relato legitimador del actual modelo económico.

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