La curva del gasto público se movió más rápido que la de los ingresos

En el primer mes completo de gestión de Alberto Fernández, el gasto público primario creció 50%, contra ingresos que lo hicieron bastante por abajo, al 40% anual. El resultado fue un déficit de $ 3766 millones, lo que implica una desmejora frente al superávit de $ 16.658 millones que mostraban las cuentas un año atrás.

Estas cifras muestran el impacto de las principales decisiones que justificaron la denominada Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva. Las prestaciones sociales se elevaron 61%, mientras que las jubilaciones y pensiones lo hicieron 44% por el bonos dispuesto para quienes cobraban haberes menores a $ 20.000. El otro rubro que saltó fuerte fueron los subsidios económicos, que aumentaron 76% por el pago de deudas en el sector eléctrico y por las erogaciones que demanda subsidiar la tarifa del transporte.

El gasto de capital fue 35% más bajo que un año atrás, consecuencia directa de la falta de fondos presupuestarios. Fernández dividió funciones que antes agrupaban dos carteras (Interior manejaba obra pública y vivienda, y Transporte toda la inversión vial y ferroviaria) en tres ministerios (Desarrollo Territorial y Hábitat, Obras Públicas y Transporte) que están prácticamente paralizados a la espera de partidas que les permitan reabrir licitaciones y poner en marcha sus propios proyectos.

Los intereses de la deuda, en tanto, se incrementaron solo 13%. El déficit financiero en enero fue de $ 90.000 millones, lo que equivale a una suba de 51,3%, casi lo mismo que la inflación anual.

El escenario fiscal al que se enfrenta el Gobierno no cubre las expectativas de la Casa Rosada, ya que para poner en marcha la economía con el aporte del Estado sin abusar de las transferencias del BCRA, como prometieron tanto Alberto como Miguel Pesce, el titular del BCRA, hace falta reforzar los ingresos. Por esa razón está en camino un nuevo incremento de las retenciones a los productos agropecuarios (esencialmente la soja), que ayudarán a sumar recursos mientras maduran otras subas tributarias.

El impuesto PAIS es efectivo pero conspira contra sí mismo, ya que reduce la demanda de dólares para atesoramiento y los gastos con tarjeta en el exterior. Tampoco ayuda la expansión de la epidemia de coronavirus en Europa y Estados Unidos, porque achicará el turismo emisivo al menos durante los próximos dos meses.

Lo que muestra esta foto es una curva ascendente de presión fiscal y gasto. Es lo que dijo el ministro Martín Guzmán en el Congreso, al asegurar que este año también terminará en rojo por la decisión política de priorizar la inversión social. Mientras el Estado no tenga margen de revertir esa tendencia, los costos asociados a los impuestos restarán competitividad a las empresas, limitando la inversión y el empleo.

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