La cultura de la confrontación perdió una batalla

La mejor conclusión que se puede extraer del discurso que ayer pronunció Ricardo Lorenzetti es que se convirtió en otro paso que da la Argentina para alejarse de la decadente cultura de la confrontación. El presidente de la Corte Suprema fue firme en su respuesta a los ataques que el domingo le había dedicado Cristina Kirchner pero mantuvo una línea de respeto hacia las personas y hacia las instituciones.

Las palabras de Lorenzetti fueron precedidas por un video que rescató las deudas pendientes de la democracia y recordó, entre las víctimas del Estado ausente, a los muertos de la tragedia ferroviaria de Once y al fiscal Alberto Nisman. Lo observaban la ex esposa del fiscal, la jueza Sandra Arroyo Salgado, y otros protagonistas de la batalla entre la Presidenta y el Poder Judicial como el ministro de Justicia, Julio Alak; la Procuradora Alejandra Gils Carbó, y el juez federal Daniel Rafecas.

Conceptos inconfundibles como "terminar con la impunidad" o "no hay poderes ilimitados" no rompieron la convivencia que en el Palacio de Tribunales mantuvieron jueces, fiscales, funcionarios oficialistas y dirigentes opositores. Es una señal alentadora para esta Argentina que necesita retomar el sendero perdido de la tolerancia.

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