La crisis rusa y su impacto en los mercados financieros

La situación económica de Rusia viene sufriendo un continuo deterioro desde su apoyo a la insurrección de Ucrania, conducta agravada a posteriori por su anexión compulsiva de la península de Crimea, asiento de la base de su marina de guerra en el Mar Negro.

La reacción de Occidente, si bien lenta, fue progresiva imponiéndole serias restricciones económicas y financieras a la economía rusia: cancelación de préstamos, prohibiciones de comercio exterior, bloqueo de cuentas personales y de compañías estatales, entre otras. Estas medidas provocaron un alto grado de incertidumbre, lo cual provocó caídas en los niveles de actividad, fuga de capitales, devaluación del rublo, aumento de la inflación y, por ende, de la pobreza. Todo ello, sumado a una baja pronunciada en el mercado bursátil.

A pesar de todo esto, el gobierno de Putin reiteró sus propósitos expansionistas manifestando explícitamente que la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) había sido el principal error del siglo pasado. Estas declaraciones no hicieron más que agravar la situación, profundizándose -en consecuencia- los problemas mencionados en el párrafo anterior.

Finalmente, llegó un nuevo y severo golpe. Nada menos que una brutal caída del precio del petróleo del orden del 45% (de u$s 100 por barril a, aproximadamente, u$s 55) en los últimos cinco meses; pero con una severa aceleración de la caída durante los últimos 30 días. ¿Por qué esta bajar afecta tan seriamente a la economía rusa? Muy simple: el 40 % de sus ingresos fiscales provienen de impuestos al sector energético; consecuencia: creciente emisión para financiar el gasto público y mayor inflación.

La única respuesta de las autoridades soviéticas fue sólo una tímida e inoperante reducción de las transferencias a los gobiernos estaduales y una política restrictiva en materia monetaria. En efecto, a abril de este año, la tasa de referencia de su banco central era del orden del 5%, la cual fue llevada gradualmente al 10,5 % hasta el día lunes pasado. La situación ha empeorado tanto, que en la madrugada del martes  -en una reunión no programada- el Banco Central tomó una medida sin precedentes: aumentó su tasa de referencia nada menos que al 17%; nivel que no se daba desde la Gran Recesión 2008/2009. La reacción inmediata fue una recuperación del valor de su moneda; sin embargo, rápidamente el mercado le volvió a jugar en contra : a las pocas horas cayó nuevamente

A los efectos de cuantificar el escenario, se detallan a continuación los principales datos que reflejan la gravedad del mismo:

* PBI: se estima una caída de 2,5% en el cuarto trimestre y una recesión en 2005 no menor del 4%
* Fuga de capitales: durante el corriente año, es del orden de los 80.00 millones de dólares; con reservas iniciales de 300.000 millones
* Devaluación del rublo: más del 55% en lo que va del corriente año
* Pérdida de valor bursátil superior al 50%, sumado a fuertes caídas en las paridades de sus bonos soberanos y privados
* Inflación y déficit público creciente
* Caída del comercio exterior del 15% (previo a la baja del petróleo)

Debe quedar claro, entonces, que los factores que han llevado a la economía rusa a su complicada situación actual han sido los siguientes: errores de política exterior con las correspondientes sanciones económicas de Occidente, tardía reacción en la implementación de medidas macroeconómicas contracíclicas y una baja pronunciada de su principal producto de exportación.

Ahora bien. ¿Cuáles son los impactos de esta crisis del Oso Ruso en la economía mundial en general, y en  la de nuestro país en particular?

Respecto a los mercados mundiales, la incertidumbre respecto a un eventual default se expandió rápidamente dando lugar a un clásico "flight to quality"; esto es: salida de capitales de los mercados financieros riesgosos y simultánea búsqueda de refugio de los mismos en activos considerados más seguros,  especialmente los bonos del Tesoro de los EE UU. Este flujo monetario  se ha traducido en caídas de las bolsas y fuga de capitales de los mercados emergentes, con la correspondiente devaluación de sus monedas.

En lo que hace a nuestro país, obviamente, se ha repetido el anterior esquema de caída de activos y salida de capitales mencionado anteriormente.

Sin embargo, por decisión del Central, aquí no se ha permitido que nuestra moneda se devaluara acompañando al resto de los países emergentes

Este desequilibrio -un subproducto negativo más del control de cambios- hace perder competitividad a nuestra economía, con todas las consecuencias  negativas que ello implica para el sector externo.

Un último comentario. En la reunión del día de ayer, la autoridad monetaria de los EE UU (Fed) ratificó explícitamente su posición de que mantendrá la tasa de interés de referencia en su actual valor mínimo (0.0%/0,25%) "por un tiempo considerable". A lo anterior, se le sumó la declaración de su Presidenta - Janet Yellen-  respecto a que la crisis rusa tendrá muy poco impacto en la economía de los EE UU y que, por lo tanto, no afectará su actual solidez. Ambos datos llevaron calma a los mercados, los cuales revirtieron su tendencia negativa. Es de esperar, entonces, que las economías centrales apoyen la actitud de EE UU, en aras de evitar la repetición de un nuevo "efecto vodka". Caso contrario, aumentaría la probabilidad de un default de la deuda soberana rusa; hecho que resultaría de una gravedad extrema para la estabilidad del sistema económico y político global.

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