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La corrupción de “la política” como explicación económica

ANDRÉS FERRARI HAINES

ANDRÉS FERRARI HAINES Profesor UFRGS (Brasil) @Argentreotros

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La corrupción de “la política” como explicación económica

Por lo general, cuando un economista adepto al libre mercado se expresa deambula por estos tres puntos:

a) deben hacerse reformas estructurales para implementar el libre-mercado;

b) si se han efectuado, siempre hace falta tiempo y/o una segunda generación de reformas para que surjan sus aspectos positivos;

c) en cualquier situación, la falta de resultados positivos está en la corrupción de “la política” que persiguiendo intereses espurios y personales mantiene un elevado nivel de gasto fiscal, perjudicando el funcionamiento de la economía, particularmente si existe deficit fiscal.

Estos tres puntos permiten que los teóricos del libre-mercado mantengan actualidad en sus análisis de cualquier coyuntura económica: manifestando continuamente que nunca se está en la realidad “correcta”, oscurecen el hecho de que es imposible estar en ella.

Simplemente porque, de hecho, la teoría de libre-mercado es una imposibilidad lógica: por la propia contradicción en querer determinar “una sociedad” a partir de su “individualismo metodológico”. Por ende, también es una realidad inverosímil: es decir, ni hubo, ni hay ni habrá nunca tal “sociedad”. Por supuesto, esto no quiere decir que la existencia del mercado es imposible. Lo es pensar que una sociedad puede constituirse a partir de la noción de mercado libre.

“La política”, mal de males

Al apuntar el dedo a “la política” siempre como causa final de los problemas económicos, la teoría del libre-mercado no sólo pretende tener siempre “una explicación”. También demuestra su carácter antidemocrático bajo el cual surgió.

Los preceptos del libre-mercado, y del liberalismo en general, surgieron históricamente en contextos muy lejanos a una democracia de amplia participación de la población. Límites de diversos tipos fueron utilizados para restringir la participación a grupos muy reducidos de la sociedad —en favor de los pequeños grupos en la cima de la pirámide social. El voto democrático como hoy se entiende surge, como realidad histórica, básicamente luego de la Primera Guerra Mundial.

Los preceptos del libre-mercado, y del liberalismo en general, surgieron históricamente en contextos muy lejanos a una democracia de amplia participación de la población.

Así, “la política” como práctica de gestión diferente a los entendimientos que la teoría de libre-mercado considera correcto nunca son vistos como una expresión democrática de una visión económica alternativa. Son resultados de la corrupción que entiende inherente a la actividad política que “engaña” a la gente. Para la teoría de libre-mercado, “la política” cuando actúa en forma diferente a su visión atiende a “sus propios intereses individuales”; es decir, práctica de corrupción.

Su entendimiento del funcionamiento económico le hace afirmar que posee el mecanismo de terminar o reducir la corrupción: reducir el gasto público lo máximo posible para que “la política” no pueda disponer de recursos para practicar corrupción. De ahí, su constante demanda en bajar el gasto publico.

La “resistencia de la política” en efectuarlo no es tomada como un rechazo a dejar gente sin empleo o con menores salarios —y mucho menos en también considerar el efecto de estas medidas sobre la actividad general de la economía. Constituye “la resistencia de la política” de seguir usando a la población para su propio beneficio personal.

Laissez-faire: malevolencia o benevolencia

Esta visión es coherente con su adhesión a la mitología de la mano invisible. Su estructuración individualista deriva en negar a toda persona cualquier capacidad en poder hacer algo positivo más allá de sí mismo.

Adam Smith

En general esta idea se ilustra con la famosa frase de Adam Smith en la Riqueza de las Naciones que afirma que “No es la benevolencia del carnicero, el cervecero, o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio” y luego, más general:

“Cada individuo está siempre esforzándose para encontrar la inversión más beneficiosa para cualquier capital que tenga. Es evidente que lo mueve su propio beneficio y no el de la sociedad. Sin embargo, la persecución de su propio interés lo conduce natural o mejor dicho necesariamente a preferir la inversión que resulta más beneficiosa para la sociedad.”

Otras expresiones del propio Smith en esa misma célebre obra no son, por lo general, recordadas como cuando dice:

“Los sirvientes, trabajadores y operarios de diverso tipo constituyen la parte con diferencia más abundante de cualquier gran sociedad política. Y lo que mejore la condición de la mayor parte nunca puede ser considerado un inconveniente para el conjunto. Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros es pobre y miserable.

Además, es justo que aquellos que proporcionan alimento, vestimenta y alojamiento para todo el cuerpo social reciban una cuota del producto de su propio trabajo suficiente para estar ellos mismos adecuadamente bien alimentados, vestidos y alojados”.

De todas maneras, es la primera expresión que ha sido incorporada como formando parte del pensamiento de Adam Smith, de la cual se fue construyendo la teoría de libre-mercado. Está se basa, según una frase que se le atribuye a Keynes, en “la asombrosa creencia de que los hombres más perversos posibles harán las cosas más perversas posibles para el mayor bien de todos”.

John Maynard Keynes

En su ensayo El fin de laissez-faire (1926), de todas maneras, Keynes es claro al respecto:

“Eliminemos los principios metafísicos o generales sobre los que, de cuando en cuando, se ha fundamentado el laissez-faire. No es verdad que los individuos tengan una «libertad natural» sancionada por la costumbre de sus actividades económicas. No existe un «convenio» que confiera derechos perpetuos sobre aquellos que tienen o sobre aquellos que adquieren.

El mundo no se gobierna desde arriba, de manera que no siempre coinciden el interés privado y el social. No es dirigido aquí abajo de manera que coincidan en la práctica. No es una deducción correcta de los principios de la economía que el interés propio ilustrado produzca siempre el interés público.

Ni es verdad que el interés propio sea generalmente ilustrado, más a menudo, los individuos que actúan por separado persiguiendo sus propios fines son demasiado ignorantes o demasiado débiles incluso para alcanzar éstos. La experiencia no demuestra que los individuos, cuando forman una unidad social, sean siempre menos clarividentes que cuando actúan por separado”.

Corrupción pública y privada

Una reciente encuesta efectuada por Taquion y trespuntozero arrojó que “los hombres de negocios” para casi el 80% de la población argentina son “Muy corruptos” o “Bastante corruptos”. Superan en menos de un 1%, respectivamente, al Poder Judicial y a los sindicatos.

El Congreso Nacional (70,2%), la ciudadanía (54,1%) y el Gobierno Nacional (51,7) siguen atrás con cifras elevadas, aunque algo menores.  Además, en la comparación con 2017 —como expresa la nota al respecto de El Cronista— 66,2% de las personas que respondieron consideraron que la lucha contra la corrupción empeoró.

El resultado de la encuesta refleja que para la población la corrupción no se limita a la actividad pública: también la ve presente en la actividad privada. Sin embargo, no es cuestión de disputar qué sector de la sociedad es menos corrupto. Lo interesante, aquí, de los resultados de esta encuesta es su impacto para el debate económico. ¿Se pretende también limitar "la economía" así como se argumenta con "la política"?

Teoría económica y corrupción

Lo absurdo es que una teoría argumente que su aplicación garantiza la eliminación de la  corrupción.

No puede ser explicación del funcionamiento de la economía apelar a esta muletilla, muy difundida mediáticamente, por gran parte de adherentes a la teoría del libre-mercado para justificar los males económicos.

Sobre todo, sin decir cómo ella garantiza erradicar también la corrupción empresarial.

“La economía” no puede seguir escondiéndose detrás de “la política” para justificar su incapacidad de explicar hechos económicos.

La corrupción –ocurra en cualquier ámbito– es un hecho delictivo que debe ser combatido en su ámbito correspondiente –que no es la teoría económica. Ninguna teoría económica la erradicará; habrá que acostumbrarse a esta evidente verdad.

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Comentarios3
Alfredo Federico
Alfredo Federico 24/07/2018 11:17:43

el liberalismo fracasa una y otra vez en todas partes desde que el voto es secreto si no vive de la rapiña al extranjero

Gerardo Martinez
Gerardo Martinez 24/07/2018 02:27:33

buena nota!

Santiago Gancedo
Santiago Gancedo 24/07/2018 08:30:01

A veces publica notas excelentes y a veces estos bofes. Sabe como se hace un budget? Estimar ventas (ingresos), la ganancia viene definida por los accionistas (en ARG 0 x ej) y luego define cuanto le queda para gastar (en la política x ej).