Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

La batalla del gas

La crisis por falta de gas lleva 9 años, y resolverla exige cambiar la política energética que la generó; y eliminar el subsidio al petróleo.
Transformar su mercado empieza por un precio único de 5 US/MM BTU, y un programa de importación temporaria sin impuestos ni tarifas aduaneras, por 5 años prorrogables, para todo equipo necesario para producirlo con tecnología de menos de 5 años. Generando una fuerte corriente inversora, en un marco jurídico, económico y regulatorio creíble y confiable.
Reducir la intensidad energética permitirá que el PBI crezca con menor consumo de energía; EE.UU. la redujo de 1,25 a 0,75 en 20 años y bajará a 0,5 a 2035, produciendo lo mismo, con 60% menos de energía.
Cambiar la política energética eliminará importaciones, cortes de energía, y la inversión reactivará la economía, el empleo y posiblemente aumente la recaudación.
Por limitaciones de infraestructura falta gas en generación e industria; se importan fueloil y gasoil pero igual hay cortes de gas y electricidad, que impactan el PBI y competitividad de la economía.
Sin gas y precios competitivos, no puede resolverse el problema eléctrico (60% se genera con gas); y bajar su precio significa reformular su modelo. Porque al desregularlo no se puso en competencia los productores, como el sector eléctrico. Y prefirió garantizar utilidades a las compañías petroleras fijando precios por cuenca, en lugar de beneficiar los usuarios con menores precios.
Como en el sector petrolero; que liberó los precios sin Marco ni Ente Regulador; para asegurar discrecionalidad a las mismas compañías, y evitar que los erosione la competencia.
Veintiséis años después, todavía no tenemos un sistema federal de precios para evitar sean mayores en Añelo, que en Capital; y las reglas de mercado se aplican cuando los precios suben, y abandonan con excusas como el barril ‘criollo’, cuando bajan.
Argentina consume 2 Tcf de gas por año y tiene 802 Tcf de recursos producibles, si son rentables; que hacen insignificantes los 10 Tcf de reservas de Bolivia, e inexplicable nuestro empeño en seguir importando. E invertir 2.300 MM u$s en un Gasoducto que no necesitamos -en vez de producir nuestro gas-.
Gasoducto con dos problemas insalvables: el NEA no tiene mercado de gas suficiente (Gas de France la abandonó por falta de rentabilidad, con pocos usuarios conectados); ni Bolivia reservas para alimentarlo 20 años.
Repsol buscaba gas para resolver la crisis, cuando descubrió Vaca Muerta; y el gobierno la impulsó a extraer petróleo por sus mayores ganancias, aunque la crisis era por falta gas (el 85% de nuestros recursos).
Extraer los de Neuquén demandará u$s 220.000 millones; Brasil invirtió 210.000MM u$s en el Presal en 4 años (2010-2013), demostrando que es posible.
Y su plan ‘2017-2021’ promedia 15.900 MM u$s/año; más que el proyecto YPF-Chevron en 15 años.
EE.UU. al impulsar sus inversiones, en 5 años multiplicó por 10 su producción de gas; generó 1,2 millones de empleos y proyectos petroquímicos por u$s 217.000 MM, que transformaron la mayor economía del mundo.
Su Secretario de Energía adjunto firmó en 2014 un Acuerdo de Cooperación Tecnológica y Asociación Estratégica con Argentina, expresando que nuestros recursos eran igualmente abundantes y podíamos repetir el boom y transformación económica de EE.UU.
Debemos poner operativo este Acuerdo.
El ministro Aranguren propone que las empresas fijen el precio del gas; pero ellas defienden el interés de sus accionistas. El Estado debe definir las políticas públicas.
En el corto plazo el país seguirá importando gas, y su costo de oportunidad es el precio de Bolivia, LNG o 7,5 u$s/MM BTU de YPF-Chevron (precio arbitrario, no de mercado). Pero en el mediano plazo el país será exportador; la competencia bajará los precios y su costo de oportunidad será la paridad de exportación. Y determinará el valor ‘Boca de Pozo’.
En EE.UU. un pozo terminado cuesta 5-6 millones u$s, y 12 en Argentina; mil pozos costarían u$s 6000 millones más por año, y 60.000 en 10 años.
Reducir ese costo exige operar los equipos de terminación (fracking) 24 horas; como en EE.UU.: la solución es aumentar el número de pozos. Y hacer el doble de pozos, con la misma inversión.
Asistimos al fin de la era del petróleo; y el gas dejar de consumirse hacia 2100.
Muchas reservas no podrán producirse, por los presupuestos de ‘carbón imposible de quemar’, ocasionando grandes pérdidas que absorberán los Estados, como ‘decisión política’.
Evitar tamaña pérdida es adelantar la producción argentina, mientras el mundo demande gas.
Interpretando estos vientos, seremos grandes exportadores de gas y haremos posible el desarrollo económico y social de nuestro pueblo.